Opinión

Toros y semana santa: cuando el toreo se encuentra con la devoción

Javier Luque

Javier Luque

Redactor

10 de Agosto de 2026
Toros y semana santa: cuando el toreo se encuentra con la devoción
Introducción

Hablar de toreros y Semana Santa es hablar de dos mundos que, lejos de vivir separados, llevan siglos caminando juntos por las calles de Andalucía. El toro y la cofradía comparten algo difícil de explicar únicamente con palabras: el rito, la tradición, la estética, el silencio, el valor, la muerte, la esperanza y, sobre todo, una manera profundamente española y andaluza de enfrentarse a lo trascendente.

No todos los toreros han sido cofrades, ni todos han vivido la religión de la misma manera. Algunos han sido hermanos de hermandades concretas; otros han acompañado procesiones; otros han rezado antes de una corrida; algunos han donado trajes de luces, capotes o enseres; y otros simplemente han mantenido una relación sentimental con determinadas imágenes. Por eso sería injusto afirmar que todos los toreros tienen una religiosidad idéntica.

Pero existe una realidad histórica indiscutible: el mundo del toro ha estado extraordinariamente vinculado a las hermandades de penitencia.

Hay lugares donde esta relación alcanza una dimensión casi institucional. En Córdoba, por ejemplo, la Hermandad de Jesús Caído es conocida tradicionalmente como la Hermandad de los Toreros. En Sevilla ocurre algo parecido con San Bernardo, conocida popularmente como la cofradía de los toreros, mientras que la Hermandad del Baratillo mantiene una relación histórica con la plaza de la Maestranza y con numerosos profesionales taurinos.

Y, en mi opinión, esta relación no es una casualidad.

El torero se enfrenta a la posibilidad de morir. El nazareno acompaña a Cristo muerto y a una Virgen dolorosa. Uno sale al ruedo vestido de luces; otro se cubre con un antifaz. Uno camina hacia el toro; otro camina detrás de un Cristo que carga con una cruz. Y ambos rituales están cargados de silencio, tensión y esperanza.

1. El Caído de Córdoba : el cristo de los toreros

Si existe una hermandad que representa como pocas la unión entre tauromaquia y Semana Santa, esa es la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad de Córdoba.

La corporación, con sede en San Cayetano, realiza su estación de penitencia en la tarde-noche del Jueves Santo y conserva desde hace décadas el sobrenombre de Hermandad de los Toreros, debido a la presencia continuada de matadores y subalternos entre sus hermanos.

Pero aquí no estamos ante una simple coincidencia.

La relación viene de muy atrás. Uno de los primeros toreros relacionados con la corporación fue José Dámaso “Petete”, tío abuelo de Manolete, que llegó a ocupar responsabilidades en la hermandad en el siglo XIX. Posteriormente, la relación se hizo todavía más importante con figuras como Lagartijo y Manolete, que llegaron a ocupar el cargo de hermano mayor.

Esto convierte al Caído en algo mucho más profundo que una hermandad a la que pertenecen algunos toreros.

Es parte de la propia historia del toreo cordobés.

Manolete y Jesús Caído

Probablemente no exista una figura más simbólica para comprender esta relación que Manolete.

Manuel Rodríguez Sánchez no fue simplemente un matador de toros cordobés que perteneció a una hermandad. Su relación con el Caído quedó ligada a la propia evolución de la corporación durante el siglo XX. Su llegada fue favorecida por personas vinculadas al mundo de la hermandad y por Manuel Flores “Camará”, su apoderado. Manolete llegó a ser hermano mayor y su presencia contribuyó al impulso de la cofradía. 

Es especialmente significativo porque Manolete representa, quizá como ningún otro torero, la unión entre Córdoba, la muerte y la religiosidad popular.

Su figura quedó asociada al misterio del toreo y a la tragedia. Y, paralelamente, la imagen de Jesús Caído representa a Cristo en uno de los momentos más humanos de la Pasión: Cristo cayendo bajo el peso de la Cruz.

No es difícil comprender por qué esa imagen podía resultar especialmente cercana a un hombre que vivía cada tarde frente a la posibilidad de caer.

Lagartijo

Antes de Manolete, otro gigante cordobés había dejado una huella extraordinaria: Rafael Molina Sánchez, Lagartijo.

Lagartijo llegó a ser hermano mayor de la corporación en el siglo XIX. Documentación histórica sobre la hermandad recoge incluso las razones religiosas y benéficas que se utilizaron para justificar su elección, mencionando su participación en obras religiosas y en actividades de carácter caritativo.

Es decir, la relación de los toreros con el Caído no comenzó como una moda del siglo XX.

Tiene raíces profundas.

2. Sevilla: San Bernardo, la hermandad de los toreros

Si Córdoba tiene al Caído, Sevilla tiene a San Bernardo.

La Hermandad de San Bernardo es conocida históricamente como la Hermandad de los Toreros. Su relación con la tauromaquia comenzó hace siglos y se hizo especialmente intensa desde el siglo XIX.

La propia hermandad explica que uno de los iniciadores de esta vinculación fue Francisco Arjona “Curro Cúchares”, que junto a vecinos del barrio participó en la recuperación de la corporación después de un periodo de decadencia.

Aquí aparece algo fascinante: San Bernardo no solamente tiene toreros entre sus hermanos.

El barrio entero respira tauromaquia.

La cofradía, el barrio, la artillería, los toros y la Maestranza forman una especie de ecosistema cultural.

La propia hermandad conserva una larga tradición de profesionales taurinos entre sus hermanos y destaca la profunda devoción que históricamente tuvieron muchos matadores por sus titulares. El Tato, por ejemplo, costeó el conocido manto de las Manzanas, mientras que el palio estrenado en 1919 recibió el nombre de Cúchares como recuerdo al torero que lo costeó.

Y hay algo que me parece precioso:

El “paso torero”

La manera de andar del palio de San Bernardo ha sido tradicionalmente asociada al mundo taurino. La propia tradición de la hermandad habla de ese “paso torero”, y Canal Sur ha explicado cómo la relación entre la cofradía y los toros está presente incluso en determinados elementos del patrimonio y de la estética de la corporación.

Es casi como si el capote se hubiera convertido en movimiento.

Una verónica puede recordar a una chicotá.

Una chicotá puede recordar a una faena.

Y una faena puede terminar convertida en oración.

La propia hermandad conserva una larga tradición de profesionales taurinos entre sus hermanos y destaca la profunda devoción que históricamente tuvieron muchos matadores por sus titulares. El Tato, por ejemplo, costeó el conocido manto de las Manzanas, mientras que el palio estrenado en 1919 recibió el nombre de Cúchares como recuerdo al torero que lo costeó. 

Y hay algo que me parece precioso:

El “paso torero”

La manera de andar del palio de San Bernardo ha sido tradicionalmente asociada al mundo taurino. La propia tradición de la hermandad habla de ese “paso torero”, y Canal Sur ha explicado cómo la relación entre la cofradía y los toros está presente incluso en determinados elementos del patrimonio y de la estética de la corporación.

Es casi como si el capote se hubiera convertido en movimiento.

Una verónica puede recordar a una chicotá.

Una chicotá puede recordar a una faena.

Y una faena puede terminar convertida en oración.

Dentro de San Bernardo merece un capítulo propio la familia Vázquez.

La relación de esta saga taurina con la hermandad se ha prolongado durante generaciones.

En 2026, Manolo Vázquez, quinta generación de toreros vinculados a San Bernardo, protagonizó una imagen extraordinariamente simbólica: se vistió de corto en la propia Casa de Hermandad antes de torear un festival y posteriormente rezó ante el Cristo de la Salud y la Virgen del Refugio. Su abuelo, el recordado Manolo Vázquez, había sido hermano mayor.

Me parece una de las imágenes que mejor resumen todo este trabajo.

Un torero poniéndose el traje de corto en una casa de hermandad.

Antes de enfrentarse al toro, frente a sus titulares.

No hay que añadir demasiadas palabras.

La escena habla por sí sola.

3. El Baratillo: la virgen de la caridad y el mundo del toro

La relación de los toreros con Sevilla no termina en San Bernardo.

Otra hermandad esencial es el Baratillo, en pleno Arenal y prácticamente al lado de la plaza de la Real Maestranza.

La Virgen de la Caridad es conocida popularmente como una imagen de fuerte personalidad taurina, y la propia historia de la corporación está estrechamente ligada al entorno de la plaza.

El vínculo llega hasta elementos del propio patrimonio. La capilla de los toreros de la Maestranza está relacionada con esta tradición y la corporación mantiene una relación histórica con la Real Maestranza de Caballería. 

Uno de los ejemplos históricos más interesantes es Pepe-Hillo, que donó en 1774 la imagen de San José que posteriormente quedó incorporada como titular de la hermandad.

Y aquí encontramos también nombres más recientes:

 ● Manuel Benítez “El Cordobés”.
 ● Francisco Rivera Ordóñez.
 ● Manuel Jesús “El Cid”.
 ● Morante de la Puebla.
 ● Manuel Díaz “El Cordobés”.

4. Joselito el gallo y la Macarena 

Si existe un torero que representa la unión entre tauromaquia y una hermandad sevillana, ese es Joselito El Gallo.

Su relación con la Macarena es una de las más famosas de la historia del toreo.

La Hermandad de la Macarena ha conservado numerosos recuerdos vinculados al torero y ha desarrollado actos conmemorativos alrededor de su figura, especialmente durante el centenario de su muerte.

Su nombre permanece asociado a la Madrugada.

Y esto demuestra una cosa fundamental:

los toreros no solamente pasaron por las hermandades; algunos quedaron incorporados para siempre a su memoria.

Juan Ortega

 ● Hermano de la Archicofradía de la Expiración de Málaga.
 ● Vinculación pública con distintas hermandades malagueñas.
 ● Oraciones y participación en actos cofrades.
 ● Medalla de hermano de la Expiración.

Roca Rey

 ● Visita y oración ante la Esperanza Macarena y el Señor de la Sentencia.
 ● Contacto con el patrimonio taurino de la hermandad. 

Pablo Aguado

 ● Vinculación familiar con el mundo cofrade sevillano.
 ● Proyecto solidario vinculado a la obra social del Rocío de Triana.

Pepe Moral

 ● Visita y oración ante los titulares de San Bernardo.
 ● Relación con la tradición taurina de la hermandad. 

Manolo Vázquez

 ● Quinta generación familiar vinculada a San Bernardo.
 ● Nieto de un antiguo hermano mayor.
 ● Se vistió de corto en la Casa Hermandad y rezó ante los titulares.

Morante de la Puebla

 ● Vinculación histórica con el Baratillo.
 ● Participación en festivales a beneficio de hermandades como Los Gitanos. 

Manuel Escribano

 ● Participación en actos taurino-cofrades y festivales relacionados con hermandades sevillanas.

Alfonso Oliva Soto

 ● Vinculación con actos taurino-cofrades sevillanos y participación en festivales benéficos. 

Enrique Ponce

 ● Vinculación especialmente profunda con el Caído de Córdoba.
 ● Acompañamiento del Cristo durante el Jueves Santo.
 ● Se considera heredero de la tradición de Lagartijo y Manolete. 

Francisco Rivera Ordóñez

 ● Vinculación histórica con el Baratillo. 

Manuel Benítez “El Cordobés”

 ● Vinculación con el mundo cofrade sevillano y taurino.
 ● Su legado taurino ha llegado incluso al patrimonio textil de hermandades. 

Curro Romero

 ● Figura central de la cultura taurina y cofrade sevillana.
 ● Homenajeado mediante festivales vinculados a hermandades como Los Gitanos. 

Lagartijo

 ● Hermano mayor del Caído de Córdoba

Manolete

 ● Hermano mayor del Caído.
 ● Figura fundamental en la revitalización de la hermandad.

Curro Cúchares

 ● Figura decisiva en la recuperación de San Bernardo.
 ● Símbolo de la relación histórica entre toreros y hermandad.

El Tato

 ● Vinculado a San Bernardo.
 ● Costeó el conocido manto de las Manzanas. 

Pepe-Hillo

 ● Donó en 1774 la imagen de San José vinculada al Baratillo. 

Joselito El Gallo

 ● Una de las grandes figuras taurinas vinculadas a la Macarena.
 ● Su memoria continúa formando parte del patrimonio y de la historia de la hermandad.

Manolo Vázquez

 ● Hermano mayor de San Bernardo.
 ● Su familia mantiene una relación de varias generaciones con la corporación.

Mi opinión: no es una casualidad

Después de analizar todos estos casos, mi opinión es clara:

la relación entre los toreros y la Semana Santa no es una simple coincidencia folclórica.

Es una relación histórica, cultural, emocional y, en determinados casos, profundamente religiosa.

El torero tradicional nace en una sociedad donde la Semana Santa forma parte de la vida cotidiana.

Antes de la televisión, de las redes sociales y de la globalización, el torero pertenecía a un barrio.

Tenía una parroquia.

Tenía una hermandad.

Tenía una Virgen.

Tenía un Cristo.

Y muchas veces tenía una plaza.

Por eso no debemos sorprendernos de encontrar a toreros entre los hermanos de las cofradías.

Más noticias de Opinión