La actuación de Tomás Rufo fue de menos a más en una corrida marcada por la escasa colaboración del ganado. Tras un primer turno condicionado por un toro sin opciones, el toledano aprovechó al máximo el mejor ejemplar del encierro para firmar una faena de gran profundidad y llevarse las dos únicas orejas de verdadero peso artístico.
Tomás Rufo vivió una tarde dividida en dos capítulos completamente opuestos. En su primer turno apenas encontró materia prima para desarrollar su tauromaquia. El tercer toro del festejo mostró desde el inicio una embestida deslucida, sin entrega ni continuidad, refugiándose pronto en tablas y limitando cualquier posibilidad de lucimiento. Pese a ello, el diestro toledano mantuvo la actitud y buscó con paciencia conducir las escasas embestidas que ofrecía el animal, dejando patente su disposición aunque el resultado quedara inevitablemente condicionado por la falta de opciones. Tras fallar con la espada en el primer intento y necesitar un descabello, su labor fue silenciada.
Todo cambió con el sexto, el mejor toro de la corrida. Rufo encontró por fin un ejemplar con la calidad suficiente para expresar su concepto del toreo. Desde los primeros compases construyó una faena basada en el temple, el mando y la profundidad, destacando especialmente una poderosa tanda con la mano derecha en los medios que conectó de inmediato con los tendidos. Supo entender las condiciones del toro, administrando las distancias y los tiempos para aprovechar una embestida que exigía precisión y que perdía continuidad si no se llevaba con pulso.
La actuación del toledano fue creciendo en intensidad hasta convertirse en el momento cumbre del festejo. Su capacidad para exprimir las virtudes del animal y su firmeza durante toda la faena permitieron transformar una tarde gris en un final de máxima expresión artística. Una estocada de rápido efecto rubricó una actuación rotunda que fue justamente premiada con dos orejas, confirmando que, cuando encuentra un toro con posibilidades, Tomás Rufo posee los argumentos necesarios para marcar la diferencia y convertirse en el gran protagonista de la corrida.