El torero de Pepino dejó una actuación de menos a más, mostrando calidad y profundidad con su primero y redondeando una importante faena al sexto que le permitió cortar una oreja de gran mérito.
Tomás Rufo volvió a demostrar que su crecimiento como figura del toreo continúa avanzando con paso firme. Su actuación fue la de un torero sereno, seguro y convencido de su concepto, capaz de sobreponerse a las dificultades para terminar dejando una imagen muy sólida.
En su primer turno ya aparecieron detalles de enorme calidad. El toro permitió el lucimiento y Rufo respondió con un toreo elegante y profundo, dejando pasajes de gran gusto que hicieron disfrutar a los aficionados. Sin embargo, el fallo con los aceros impidió que aquella labor encontrara el premio que parecía tener al alcance de la mano.
La respuesta llegó con el sexto. Desde el inicio se percibió a un torero decidido a cerrar la tarde por todo lo alto. La faena fue creciendo en intensidad gracias a la ligazón, el temple y una entrega constante que conectó plenamente con los tendidos. La buena estocada puso el broche a una actuación que sí encontró recompensa con una oreja merecida.
Más allá del trofeo, Tomás Rufo volvió a transmitir la sensación de estar plenamente consolidado entre los nombres importantes del escalafón. Su capacidad para mantener la serenidad, su concepto clásico y la firmeza con la que afronta cada compromiso continúan alimentando la impresión de que su mejor versión todavía está por llegar.