Tarde de contrastes y de triunfo en la que los toros de Román Sorando ofrecieron distintas condiciones y dejaron como principales protagonistas a Juan Ortega y Alejandro Talavante. Ortega firmó una actuación de gran calado, con dos orejas del tercero y una del sexto, toro premiado con la vuelta al ruedo. Talavante sumó otra oreja del quinto, mientras Morante de la Puebla se marchó de vacío.
Primer toro: Morante de la Puebla se encontró con un toro alto, voluminoso y estrecho de sienes, que no terminó de convencerle desde los primeros compases. El animal tendía a llevar sus viajes por dentro, especialmente por el pitón derecho, dificultando el planteamiento del sevillano. El viento tampoco ayudó durante una faena marcada por las complicaciones. Tras los dos puyazos, el ambiente se fue caldeando y el público mostró su disconformidad cuando Morante tomó la espada. El diestro resolvió con habilidad con los aceros.
Bronca.
Segundo toro: Serio, bien armado y con presencia salió el segundo, un animal que se mostró inicialmente remiso, aunque escondía una embestida de mucha transmisión. Exigió un toreo siempre ligado, sin ventajas y con la muleta muy puesta delante. Alejandro Talavante encontró mayores posibilidades por el pitón derecho, donde consiguió los momentos más destacados de una faena construida con firmeza. Una estocada puso final a su actuación, que fue premiada con una oreja.
Tercer toro: Juan Ortega recibió al tercero, más ligero de carnes que sus hermanos, con una serie de verónicas junto a las tablas, con la pierna semiflexionada, aprovechando la manera de embestir del animal, que apretaba hacia dentro. El toro, manso y con poco fondo, permitió al sevillano construir un inicio de faena de gran impacto. Ortega se sentó en el estribo y después toreó de rodillas por alto, levantando al público de sus asientos. El animal fue perdiendo celo y sus arrancadas se hicieron cada vez más cortas, pero la disposición y el sello del torero terminaron imponiéndose. Tras la estocada, paseó las dos orejas.
Cuarto toro: El cuarto fue un toro flojo, protestado por el público desde su salida, que dejó a Morante de la Puebla prácticamente sin opciones. El sevillano trató de buscarle las distancias y esperar sus arrancadas, aunque tuvo que rectificar y perder pasos en varias ocasiones. El animal llegó incluso a hundir las manos en la arena en dos ocasiones, dejando patente su falta de fuerza. Morante optó por abreviar y se fue a por la espada, resolviendo con oficio. Silencio.
Quinto toro: Alejandro Talavante volvió a tocar pelo ante un quinto de hechuras armónicas y mejores condiciones que buena parte del encierro. Lo recibió con dos faroles en el tercio y, ya con la muleta, aprovechó especialmente la nobleza y el fondo que mostró el de Román Sorando por el pitón derecho. Las series tuvieron ligazón y buen trazo, encontrando el extremeño la fórmula para aprovechar las virtudes del animal. Tras una estocada al segundo intento, cortó una oreja que le permitió acompañar a Juan Ortega en la salida a hombros.
Sexto toro: Juan Ortega cerró la tarde con una actuación de gran pureza ante un sexto de hechuras bajas, corto de manos, con cuello y un cuerpo medido, acodado de pitones y de gran armonía. Desde los primeros lances a la verónica comenzó a medir con precisión su embestida, antes de protagonizar un arranque de faena de gran belleza con una rodilla en tierra.
El sevillano toreó con suavidad, dejando que las muñecas condujeran las embestidas de un toro de extraordinaria clase, ritmo y calidad. Al natural llegaron algunos de los pasajes más sobresalientes de la tarde, con Ortega plenamente entregado y el público rendido a su actuación. La petición de indulto llegó desde los tendidos, aunque el torero decidió entrar a matar. Después de un pinchazo, dejó una estocada. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo y Juan Ortega paseó una oreja.
Al finalizar el festejo, Juan Ortega salió a hombros después de una tarde en la que dejó patente su capacidad para expresar un toreo de gran personalidad, mientras Talavante también salia a hombros cortando una oreja a cada uno de sus oponentes.