Crónicas

Épica y duende sobre el albero: la noche en que Ventura volvió a encender El Puerto

​Diego Ventura desata la locura en la cuarta de abono con una faena cumbre, en una velada donde Sebastián Fernández sorprendió y el centauro luso-hispano rindió tributo a Álvaro Domecq

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

7 de Agosto de 2026
Épica y duende sobre el albero: la noche en que Ventura volvió a encender El Puerto

Ficha del Festejo

PlazaPlaza Real de El Puerto de Santa María
GanaderíaSan Pelayo

Rui Fernándes

Oreja

Diego Ventura

Dos orejas

Moura Caetano

Saludo

Andrés Romero

Saludo tras dos avisos

Sebastián Fernández

Vuelta al ruedo

Duarte Fernándes

Silencio tras aviso

Bajo el bochorno de una noche de verano y con las gradas de la Plaza Real luciendo tres cuartos de entrada, El Puerto de Santa María vivió una intensa jornada del arte del rejoneo. La cuarta de abono, con toros de San Pelayo —que debutaban en este coso ofreciendo un juego de correcta presentación y comportamiento—, estuvo marcada por el fervor del homenaje a la memoria de Don Álvaro Domecq Romero. La velada arrancó con los sones y la maestría de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, seguidos por un respetuoso minuto de silencio y la entrega de un recuerdo a Antonio y Luis Domecq por parte del empresario Carlos Zúñiga.  
​Abre plaza el veterano Rui Fernandes, quien tras brindar a los hermanos Domecq, afianzó una actuación de corte clásico y gran elegancia. Tras un efectivo rejón de castigo, toreó sobre la baticola y templó la embestida a dos pistas. Lucido en los medios al quiebro y rematando con un delicado ramillete de rosas, paseó la primera oreja de la noche a pesar de haber pinchado antes del rejón definitivo.  
​Pero la marejada llegó con Diego Ventura. El jinete de La Puebla cuajó una faena antológica, vibrante y desbordante de poderío. Clavó dos rejones de castigo y metió al astado en el estribo para cambiar las pistas en las tablas del cuatro con pasmosa desenvoltura. Cuando el toro amenazaba con pararse, Ventura acortó las distancias de forma descarada en los medios, firmando quiebros sublimes. El delirio absoluto se apoderó de la Plaza Real cuando, a los mandos de Bronce y despojado de la cabezal, desató el caos artístico: clavó un par supremo mientras el caballo mordería los pitones del toro en un despliegue de raza que convirtió el coso en un auténtico manicomio. Remató con rosas y un rejón algo trasero que no impidió que rodaran a sus pies las dos orejas.  
​Joao Moura Caetano trajo el contrapunto del rigor sobrio y la pureza lusa. Brindó a los Domecq y, ante un ejemplar algo distraído, completó un tercio de banderillas de poder a poder. Exhibió una alta escuela con dos palos cortos de fina factura, aunque el fallido uso del acero le privó de premio, saludando desde el ruedo.  
​Andrés Romero le puso empeño tras una salida fría del astado, corrigiendo un primer castigo suelto para después completar un tramo de banderillas aseado y de trazo clásico. Faltó algo de transmisión en los embroques para terminar de conectar con los tendidos, y el atasco con los aceros le llevó a escuchar dos avisos.  
​La gran revelación del festejo llevó la firma de Sebastián Fernández. El joven granadino encandiló a la afición desde el primer instante, brindando al cielo a Álvaro Domecq y recibiendo a su oponente de chiqueros con la garrocha con deslumbrante temple. Fernández desplegó una cuadra portentosa, arriesgando al máximo en quiebros inverosímiles y piruetas a milímetros de los pitones, antes de coronar su obra con un vibrante carrusel de cortas en los medios. Aunque la espada le arrebató el triunfo mayor, dio una aclamada vuelta al ruedo que le consolida como la gran novedad de la temporada.  
​Cerró la noche Duarte Fernandes, quien también brindó a la saga Domecq. Demostró la excelente doma de sus monturas y dejó pasajes de bella factura en banderillas y piruetas ajustadísimas. Sin embargo, el mal uso reiterado del rejón de muerte opacó una labor prometedora, siendo despedido en silencio.  
​FICHA DEL FESTEJO
​Lugar: Plaza Real de El Puerto de Santa María (Cádiz).  
​Entrada: Tres cuartos de plaza en noche calurosa.  
​Ganadería: Toros de San Pelayo (que debutaban en la plaza), correctos de presentación y de aceptable juego.  
​Cartel:
​Rui Fernandes: Oreja.  
​Diego Ventura: Dos orejas.  
​Moura Caetano: Saludos.  
​Andrés Romero: Saludos tras dos avisos.  
​Sebastián Fernández: Vuelta al ruedo.  
​Duarte Fernandes: Silencio.  
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