Crónicas

Entre orejas, rabos y jamón: Guijuelo abre su feria por todo lo alto

El cartel de "No hay billetes" fue el primer anuncio de lo que vendría después: una corrida de El Pilar que dio juego, tres toreros dispuestos a no dejarse nada en el ruedo y una plaza completamente entregada. El Fandi, Emilio de Justo y Marco Pérez terminaron saliendo a hombros tras repartirse los trofeos en una tarde en la que hubo buen toreo, mucha entrega y un cuarto toro que puso la guinda a un comienzo de feria que apunta alto.

15 de Agosto de 2026
Entre orejas, rabos y jamón: Guijuelo abre su feria por todo lo alto
Foto: Nerea F.Elena

Ficha del Festejo

PlazaGuijuelo
GanaderíaEl Pilar

El Fandi

Una oreja y dos orejas y rabo tras aviso

Emilio de Justo

Una oreja y dos orejas

Marco Pérez

Silencio y dos orejas

Guijuelo ha vivido este sábado una tarde de esas en las que la entrega termina imponiéndose a cualquier circunstancia. La plaza se llenó hasta colgar el cartel de "no hay billetes" y los tres toreros salieron a hombros después de una tarde marcada por la disposición, la emoción y, sobre todo, por un público completamente volcado con sus toreros.
La corrida de El Pilar ofreció posibilidades desiguales, pero dejó varios momentos de auténtico interés. Entre ellos, el gran cuarto, un toro que permitió a El Fandi desplegar todo su repertorio y que terminó siendo premiado con la vuelta al ruedo. Pero si algo tuvo la tarde fue la sensación de que los tres espadas quisieron estar por encima de las circunstancias.

Había un motivo para preguntarse cómo llegaría El Fandi a Guijuelo después de la cogida sufrida un día antes en Baeza. La respuesta no pudo ser más clara: dispuesto a darlo todo.
El granadino volvió a demostrar por qué el tercio de banderillas lleva tantos años siendo uno de sus grandes argumentos. Cada par fue recibido por unos tendidos entregados, que encontraron en el torero a uno de los grandes protagonistas de la tarde. 
Con la muleta tuvo que sobreponerse a las condiciones de sus oponentes, pero la entrega no disminuyó. Cortó un apéndice del primero de su lote, y cuando apareció el cuarto, un toro de gran calidad, llegó el gran momento de la tarde. El Fandi aprovechó sus embestidas por ambos pitones y terminó firmando una actuación de máxima intensidad que le permitió cortar las dos orejas y el rabo. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo.

Si El Fandi puso la entrega y el espectáculo, Emilio de Justo aportó una versión muy sólida y, por momentos, especialmente templada. El extremeño estuvo bien con los dos toros de su lote y dejó la sensación de haber entendido perfectamente lo que tenía delante en cada momento. Toreó bien por ambos pitones, con naturalidad y sin necesidad de buscar caminos que no le ofrecieran sus oponentes. Quizá fue con su primero cuando se le vio más a gusto. Allí encontró mayores posibilidades para desarrollar su toreo y consiguió una faena de notable nivel, aunque también tuvo que emplearse ante el quinto, un animal más exigente al que terminó imponiéndose a base de firmeza. Tres orejas, una del primero y dos del segundo, fue el balance de una actuación que no se quedó en absoluto a la sombra de la del resto de la terna.

La tarde de Marco Pérez tuvo dos caras completamente diferentes.
Con el tercero prácticamente no había materia prima. El toro llegó muy justo de fuerzas y ofreció pocas posibilidades para el lucimiento. Aun así, el salmantino no se desentendió. Tiró de escuela, buscó la manera de encontrar algún muletazo y trató de sacar todo lo que había dentro de un animal que, sencillamente, no daba para más. Pero todo lo que no pudo mostrar en ese tercero pareció guardárselo para el sexto.
Ahí apareció otro Marco Pérez: firme, valiente y dispuesto a jugársela. El inicio de rodillas a porta gayola ya dejó claro que no estaba dispuesto a dejar pasar la oportunidad. Después llegaron las series por ambos pitones, con especial importancia al natural, y una faena en la que fue ganando terreno hasta terminar metido en la corta distancia. El salmantino supo aprovechar la nobleza del sexto y, sobre todo, demostrar que cuando el toro le dio una oportunidad, él estaba preparado para cogerla. Dos orejas y puerta grande para cerrar una tarde en la que tuvo que esperar hasta el final para enseñar todo lo que llevaba dentro.

Guijuelo quería empezar su feria por todo lo alto. Y los toreros se encargaron de poner el resto.

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