Samuel Castrejón corta dos orejas y deja destellos de artista con sello propio en una tarde dura de Rocío de la Cámara y Cortijo de la Sierra en la Plaza Real. La espada priva a Capdevila de un triunfo mayor, mientras Barroso y el debutante Santana muestran entrega.
Hay tardes donde el toreo no brota por la vía rápida del triunfo apoteósico, sino por la capacidad de aguantar las embestidas ariscas de la mansedumbre. La Plaza Real de El Puerto de Santa María acogió la primera de abono bajo un calor sofocante y ante media entrada en los tendidos. Los utreros de Rocío de la Cámara y Cortijo de la Sierra no lo pusieron fácil: novillos correctos de presencia pero adolecidos de mal juego y raza, a excepción de las goteras de clase que ofreció el quinto.
El sello de Castrejón y la madurez de Capdevila
El nombre de la tarde fue Samuel Castrejón. En su primer capítulo, Castrejón chocó contra las nulas condiciones de un animal arisco de Rocío de la Cámara. Sin embargo, brotó en la muleta un concepto clásico, salpicado de destellos de artista que encandilaron a los aficionados. Una estocada certera le valió el primer apéndice. Frente al séptimo, un novillo abanto que huyó del lucimiento en el capote, Castrejón volvió a dejar con la miel en los labios al respetable. Exhibió esa personalidad tan cotizada en el toreo actual, un sello propio de corte caro. Mató de nuevo con rotundidad y paseó un trofeo que le coronó como el triunfador numérico del festejo con dos orejas en su espuerta.
Por su parte, Gonzalo Capdevila firmó pasajes de altísimo interés. Tras marcharse a chiqueros a recibir al tercero, fue arrollado al intentar la larga cambiada por un astado ensabanado y deslucido. Lejos de amedrentarse, el torero tiró de madurez, lidió con temple y supo meter en la muleta al manso. En el sexto, un utrero suelto de salida, Capdevila se gustó a la verónica y exprimió con calidad los terrenos que el animal demandaba. De no ser por el mal uso del acero, la Puerta Grande hubiera sido indiscutible; se conformó con una oreja y una clamorosa vuelta al ruedo.
Disposición de Barroso y el debut de Santana
Víctor Barroso abrió la tarde con una actitud incontestable, yéndose a portagallola en sus dos turnos. Con su primer oponente, un novillo distraído y falto de celo, estructuró una faena de largo metraje con muletazos sueltos de buen trazo. En el quinto, el novillo de más clase del encierro pero que pedía distancias, Barroso toreó muy encima entre las rayas, resta de lucimiento pero matando con aseo y cortando una oreja.
Cerraba el cartel el novillero Antonio Santana, que debutaba con los del castoreño en este escenario tan señero. Santana dejó destellos de mucha torería de capote, como las gaoneras de presentación o el vibrante inicio por largas cambiadas y verónicas en el octavo. Aunque la falta de oficio ante la embestida rebrincada de su segundo enemigo diluyó las faenas, remató su actuación con manoletinas de mucho compromiso y un buen manejo de la espada, amarrando un trofeo de cada novillo en su debut con picadores.
FICHA DEL FESTEJO
Plaza Real de El Puerto de Santa María. Viernes 31 de julio. 1º de abono. Novillada con picadores. Media plaza en tarde de calor sofocante.
Novillos de Rocío de la Cámara (3º, 6º, 7º y 8º) y Cortijo de la Sierra (1º, 2º, 4º y 5º), correctos de presentación y de mal juego en general. Destacó por su clase el 5º.
Víctor Barroso (azul rey y oro): Oreja y saludo.
Gonzalo Capdevila (grana y oro): Oreja y vuelta al ruedo.
Samuel Castrejón (verde y azabache): Oreja y oreja.
Antonio Santana (espuma de mar e hilo blanco), que debutaba con picadores: Oreja y oreja.
Incidencias: Antonio Santana debutó con picadores. En el orden de cuadrillas, saludaron tras parear al cuarto Chamaqui y Francisco Javier Tornay, mientras que José Germán hizo lo propio en el sexto.