En una novillada marcada por la falta de contenido ganadero, El Mene fue el único capaz de cambiar el rumbo de una tarde gris en Las Ventas. El novillero aragonés aprovechó la única oportunidad que le brindó el encierro de Los Chospes para firmar una actuación que dejó algo más importante que una oreja: la sensación de que merece muchas más oportunidades.
Hay tardes en las que el triunfo va mucho más allá de los trofeos. La primera novillada del certamen 'Cénate Las Ventas' fue una de ellas para El Mene. Mientras el resto del festejo transcurría sin emoción, el maño encontró la manera de despertar a unos tendidos resignados ante el escaso juego de los novillos. No fue una actuación de estridencias, sino de paciencia, inteligencia y capacidad para sacar partido donde apenas había materia prima.
Su primer novillo apenas ofreció opciones. Manso desde los primeros compases, buscó refugio en tablas y condicionó cualquier intento de lucimiento. El Mene poco pudo hacer ante un ejemplar que nunca permitió ligar el toreo. Lejos de desesperarse, resolvió la papeleta con oficio y dejó una imagen de serenidad, consciente de que la tarde todavía podía ofrecerle otra oportunidad.
Esa ocasión llegó con el quinto. Tampoco fue un novillo de grandes virtudes, pero sí el único que dejó entrever algunas posibilidades. El Mene lo entendió desde el primer momento y planteó una faena construida sin prisas, aprovechando cada embestida y creciendo poco a poco hasta conectar con el público. Los mejores momentos llegaron al natural, donde logró muletazos de trazo largo y buen gusto, acompañados de varios remates de categoría que elevaron el nivel de una función que hasta entonces apenas había dicho nada.
Más allá de la oreja conquistada tras una estocada de impecable ejecución, la actuación del novillero dejó un mensaje claro. Después de una temporada con escasas oportunidades, respondió con la actitud que se espera de quien sabe que cada pase puede ser decisivo para su futuro. No necesitó un gran novillo para reivindicarse; le bastó con demostrar capacidad, recursos y una notable madurez para transformar una faena de menos a más.
Las Ventas suele medir con dureza a quienes pisan su ruedo, pero también reconoce a los toreros que son capaces de marcar diferencias cuando el panorama se pone cuesta arriba. El Mene lo consiguió. Fue el único argumento taurino de una noche plana y el nombre propio de un festejo que difícilmente será recordado por otra cosa.
Si esta actuación sirve para abrirle nuevas puertas, habrá cumplido su verdadero objetivo. Porque el novillero aragonés dejó la impresión de que aún tiene mucho que decir y que, con mayor continuidad en los carteles, puede seguir dando pasos importantes en su camino hacia la alternativa.