Crónicas

El Fandi, Perera, Ismael Martín, Julio Norte y Hugo Panero: cinco nombres para una tarde de triunfo y solidaridad en el festival de AERSCYL de Ledesma

Javier Holgado

Javier Holgado

Redactor

4 de Octubre de 2026
El Fandi, Perera, Ismael Martín, Julio Norte y Hugo Panero: cinco nombres para una tarde de triunfo y solidaridad en el festival de AERSCYL de Ledesma
Foto: Pablo Barroso

Ficha del Festejo

PlazaLedesma
GanaderíaEl Capea (1º), San Pelayo (2º), Montalvo (3º), Puerto de San Lorenzo (4º) y Antonio Palla (5º)
FestejoLos novillos ofrecieron comportamientos variados: nobleza y falta de fuerzas, bravura y casta, mansedumbre y huidas, destacando especialmente la nobleza del de Antonio Palla, aunque terminó rajándose.

David Fandila “El Fandi”

Dos orejas.

Miguel Ángel Perera

Una oreja.

Ismael Martín

Dos orejas.

Julio Norte

Dos orejas.

Hugo Panero (novillero)

Dos orejas.

Ledesma vivió una tarde de toros marcada por el carácter solidario del festejo, el ambiente festivo en los tendidos y una salida a hombros que terminó reuniendo a toreros y niños sobre el ruedo. Un festival entretenido y de notable contenido artístico que dejó trofeos para todos los actuantes y tuvo en Hugo Panero a una de las grandes revelaciones de la tarde.

Abrió plaza El Fandi ante un novillo de El Capea que mostró nobleza, aunque también evidenció una notable falta de fuerzas. El granadino administró las limitadas condiciones del animal con temple y pausas, construyendo una faena larga y medida, sin someter en exceso al novillo. Tras cerrar por manoletinas, cobró una estocada trasera al encuentro y necesitó de un descabello para doblar el animal. Dos orejas.

Miguel Ángel Perera se encontró posteriormente con un bravo y encastado novillo de San Pelayo. El extremeño tuvo que imponerse a una embestida con carácter, logrando atemperarla por el pitón derecho con autoridad y firmeza. Por el izquierdo encontró mayores dificultades y regresó a la diestra, donde volvió a encontrar mayores cotas de ajuste en el cierre de la faena. Un pinchazo y una estocada defectuosa, trasera y atravesada, no impidieron que paseara una oreja.

El tercero, de Montalvo, correspondió a Ismael Martín. Un novillo noble pero costoso, al que le faltó mayor entrega y humillación, condicionó una faena que fue perdiendo intensidad conforme avanzaba. Martín trató de corregir sus defectos a base de firmeza y oficio, terminando por apretar al animal en las cercanías. Un contundente espadazo puso el broche a la actuación y le permitió cortar dos orejas.

Julio Norte se enfrentó al cuarto, un novillo de El Puerto de San Lorenzo que mostró desde los primeros compases un comportamiento manso y huidizo. El salmantino dejó un destacado saludo capotero, ganando terreno con verónicas templadas y rematando en los medios con una ajustada media. Después tuvo que afrontar una faena exigente, intentando sujetar las embestidas de un animal que tendía a recorrer la plaza. La perseverancia y la autoridad de Norte consiguieron finalmente imponerse, aprovechando las vibrantes y humilladas arrancadas que ofrecía cuando se quedaba en la muleta. Un pinchazo y una estocada fueron suficientes para que se le concedieran las dos orejas.

La gran sorpresa llegó con el quinto, un novillo de Antonio Palla. Hugo Panero protagonizó una actuación de marcada personalidad desde el comienzo, recibiendo al animal a la puerta de chiqueros con una larga cambiada de rodillas. Tras sufrir un apretón en el saludo a la verónica, el joven torero buscó desde el primer momento imprimir temple a las embestidas.

Brindó la faena al público y dejó pasajes de gran belleza y pureza, aunque los inoportunos enganchones restaron continuidad al trasteo. El novillo, noble de condición, terminó rajándose y buscando la querencia. Panero no se amilanó y mantuvo su apuesta por un concepto de toreo clásico y personal, tratando siempre de hacer las cosas con pureza. Cerró por manoletinas con ambas rodillas en tierra y se volcó sobre el morrillo con gran rectitud. Una estocada tendida y dos descabellos dieron paso a las dos orejas.

En el conjunto, los novillos ofrecieron comportamientos variados. El Capea destacó por su nobleza aunque con fuerzas muy justas; San Pelayo puso sobre el ruedo el ejemplar más encastado y bravo; Montalvo presentó un animal noble pero exigente y falto de mayor entrega; El Puerto de San Lorenzo mostró la cara de la mansedumbre, mientras que Antonio Palla cerró el festejo con un novillo noble que acabó buscando la huida.

El festival de Ledesma cumplió así con su doble objetivo: ofrecer una tarde de toros entretenida y hacer que la solidaridad volviera a ser protagonista. Los trofeos acompañaron a todos los actuantes y el festejo terminó con una de esas imágenes que resumen el espíritu de este tipo de celebraciones: el ruedo inundado de niños junto a los toreros triunfales, poniendo el broche a una tarde en la que los toros, la afición y la solidaridad caminaron de la mano.

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