El Burgo de Osma, un espejo en el que deberían mirarse muchas ferias

Javier Holgado
Redactor

Mientras muchas ferias repiten una y otra vez los mismos nombres, los mismos encastes y las mismas fórmulas, todavía quedan empresarios que entienden que el futuro de la tauromaquia no se construye mirando únicamente al presente. La Feria de El Burgo de Osma es un magnífico ejemplo de ello.
No será la feria con mayor presupuesto ni la que más titulares acapare, pero sí una de las que mejor representa lo que necesita la Fiesta en estos momentos: ilusión, oportunidades y personalidad.
Porque confeccionar una feria no consiste únicamente en reunir figuras. También consiste en apostar por quienes llaman a la puerta con fuerza. Y en El Burgo de Osma han decidido hacerlo.
Ahí están nombres como Manuel Diosleguarde, Samuel Navalón, Ismael Martín o Jarocho, toreros jóvenes que atraviesan momentos importantes en sus carreras y que necesitan plazas donde seguir creciendo. El futuro no llega solo; hay que darle escenarios donde demostrarlo.
Especialmente significativo resulta el caso de Diosleguarde. Después de la temporada que está firmando, con la confirmación de alternativa en Madrid, su importante triunfo en San Fermín y la final de la Copa Chenel, verle anunciado en una feria que apuesta por el mérito resulta una excelente noticia. Igual que ocurre con Ismael Martín, que continúa consolidándose como uno de los nombres propios del escalafón, o con Samuel Navalón y Jarocho, dos toreros que cada tarde justifican la confianza depositada en ellos.
Y si hablar de futuro es importante, todavía lo es más apostar por quienes empiezan desde abajo. El debut con picadores de Julio Aparicio es una de esas decisiones que engrandecen un ciclo taurino. Todos los toreros necesitan una primera oportunidad, y pocas cosas son más ilusionantes para un aficionado que asistir al nacimiento de una carrera.
La feria tampoco se olvida del rejoneo. La presencia del salmantino Sergio Pérez de Gregorio merece una mención especial. Es uno de los jóvenes rejoneadores con mayor proyección y, como sucede con cualquier torero que intenta abrirse camino, necesita tardes, plazas y confianza. Porque el talento sin oportunidades acaba convirtiéndose en una promesa eterna.
Otro de los grandes aciertos está en el apartado ganadero. En tiempos donde parece que siempre lidian las mismas divisas, El Burgo de Osma apuesta por ganaderías que no gozan de tanta presencia en las grandes ferias. Entre ellas destaca especialmente La Campana.
Los aficionados con memoria recordarán que fue una ganadería con peso en plazas importantes, llegando a lidiar en La Glorieta entre 2007 y 2009. Después atravesó años más discretos, pero poco a poco está recuperando el sitio que tuvo gracias a un trabajo silencioso y constante. Verla anunciada de nuevo supone una magnífica noticia para la diversidad del campo bravo y para quienes disfrutan viendo encastes y hierros menos habituales.
Si tuviera que quedarme con un cartel, no tendría demasiadas dudas. El del 16 de agosto reúne muchos de los ingredientes que hacen atractiva una corrida: una ganadería con interés como La Campana y tres toreros que llegan con hambre de seguir creciendo: Manuel Diosleguarde, Samuel Navalón e Ismael Martín. Es uno de esos carteles donde el aficionado siente que puede pasar algo importante.
Quizá esa sea la gran lección que deja esta feria. No hace falta disponer del mayor presupuesto para confeccionar un ciclo atractivo. Hace falta tener criterio. Hace falta creer en los jóvenes, confiar en ganaderías que buscan recuperar su sitio y entender que la tauromaquia necesita renovación sin perder su esencia.
Ojalá más empresarios tomaran nota. Porque ferias como la de El Burgo de Osma demuestran que todavía es posible ilusionar al aficionado sin recurrir siempre a la misma receta. Y, tal vez, ahí esté una de las claves para asegurar el futuro de la Fiesta.


