La efeméride de su inauguración en 1888 evoca la rica solera de un coso histórico y pone en valor la impecable gestión de Carlos Zúñiga en la dinamización de la afición asturiana.
El 12 de agosto es una fecha marcada en rojo en la memoria colectiva del arte del bucle e ilustra una efeméride de hondo calado para la tauromaquia norteña. Tal día como hoy en 1888, las puertas de la emblemática plaza de toros de "El Bibio" se abrían por primera vez al público gijonés. Aquella tarde inaugural, concebida para 10.200 espectadores, vio saltar sobre el albero al célebre astado Brujito, de la ganadería de José Orozco, en un mano a mano histórico entre dos titanes de la época: Luis Mazzantini y Rafael Guerra “Guerrita”.
Aquel acontecimiento no fue un simple festejo estival; supuso el nacimiento de una de las plazas de toros con mayor solera, personalidad e identidad visual de la Península. Construida con una inconfundible impronta de arquitectura neomudéjar, El Bibio se convirtió desde sus primeros pasos en el corazón latente de la afición asturiana y en una parada imprescindible dentro de la temporada taurina de verano.
Hablar de Gijón es hablar de una arraigada tradición taurina que ha sabido resistir al paso del tiempo, adaptándose a las transformaciones sociales y culturales sin perder un ápice de su dignidad ni de su pasión. La Feria de Nuestra Señora de Begoña ha sido históricamente un escaparate de categoría, donde los máximos exponentes del escalafón han dejado faenas para el recuerdo frente a una afición culta, exigente y profundamente respetuosa.
En el presente más reciente, el resurgir y la consolidación de este templo taurino no se entienden sin la figura y la labor empresarial de Carlos Zúñiga al frente del coso. Su gestión en los últimos años ha significado un verdadero balón de oxígeno para el circuito: apostando por la máxima categoría ganadera, rematando carteles de auténtico lujo que combinan a las grandes figuras del momento con las jóvenes promesas, y devolviendo a la plaza ese ambiente festivo y selecto que siempre la caracterizó.
En tiempos donde la cultura taurina demanda gestión profesional, respeto institucional y visión de futuro, el trabajo al frente de El Bibio ha demostrado cómo preservar el legado de 1888 y potenciarlo como motor económico y cultural de la ciudad. A 138 años de que Brujito inaugurara la arena asturiana, Gijón continúa siendo, con orgullo y argumentos, la indiscutible capital taurina del Cantábrico.