Opinión

El arte sin punto final: el año en que Morante demostró que las leyendas no tienen despedida

De la grieta en el alma en Las Ventas al regreso de un torero eterno en el Día de la Hispanidad

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

12 de Octubre de 2026
El arte sin punto final: el año en que Morante demostró que las leyendas no tienen despedida
Hace exactamente un año, el 12 de octubre de 2025, el reloj de la Plaza de Toros de Las Ventas pareció detenerse en un suspiro colectivo. Aquella tarde, entre el crujir de las arenas de Madrid y una faena de entrega absoluta que dejó sin aliento al templo del toreo, Morante de la Puebla insinuó el portazo definitivo. Un gesto telúrico que rompió el corazón de una afición acostumbrada a alimentarse de su genio imprudente, impredecible y puro. La sola idea de un toreo despojado de la luz del torero cigarrero abría un abismo insondable en la tauromaquia contemporánea.

Sin embargo, las dinámicas del arte verdaderamente eterno operan bajo leyes ajenas a la lógica humana. Lo que en aquel otoño pareció un adiós irrenunciable se convirtió con los meses en una tregua, un repliegue íntimo del mito para tomar aire y reinventarse. Morante no se fue porque nunca terminó de irse; la herida que dejó abierta en la afición madrileña no era una cicatriz de despedida, sino una pausa dramática dentro de una obra que aún demandaba un movimiento más.

"Hace un año nos rompiste el corazón en Las Ventas. Hoy vuelves al mismo lugar para demostrar que las leyendas nunca tienen un último capítulo."

El transcurso de estos doce meses ha demostrado la dimensión que adquiere un torero cuando deja de medirse con la temporada y pasa a medirse con la historia. A lo largo del año, la sombra de su ausencia avivó una necesidad casi espiritual de su muleta y de su capote en los ruedos de primera línea. Cuando la tauromaquia tiende a la homogeneidad técnica, el torero de La Puebla del Río se erige como un verso suelto que recuerda por qué este arte conmueve desde la raíz: por el abismo, la inspiración impredecible y el duende.

Hoy, 12 de octubre de 2026, el calendario cierra el círculo perfecto. El genio sevillano vuelve a cruzar el patio de cuadrillas de la calle Alcalá, haciendo el paseíllo en el mismo escenario de la herida para transformarla en apoteosis.

Volver a Las Ventas el Día de la Hispanidad no es un mero compromiso taurino; es la proclamación de una verdad irrefutable en el torear: los genios no escriben epílogos definitivos. Los que aman esta expresión artística saben que, con Morante en el albero, cualquier tarde puede ser el inicio de una nueva época. Las leyendas no firman su último capítulo porque su lienzo permanece siempre abierto a la genialidad del momento.

Más noticias de Opinión