El torero riojano repasa una temporada marcada por su segunda Puerta Grande de Las Ventas, los triunfos en Logroño y Arnedo y el reconocimiento a una tauromaquia propia que sigue defendiendo con la misma ilusión.
Diego Urdiales atraviesa uno de esos momentos de su trayectoria en los que el reconocimiento artístico y los grandes triunfos vuelven a encontrarse. El torero de Arnedo ha firmado una temporada 2026 de especial significado, con actuaciones de enorme dimensión en escenarios como Madrid y Logroño, sin olvidar el vínculo sentimental que le une a su tierra. A sus 51 años y después de 27 temporadas como matador de toros, continúa defendiendo una manera de entender el toreo basada en la pureza, el clasicismo y la personalidad.
Su campaña tuvo uno de sus primeros capítulos destacados el pasado 22 de marzo en Arnedo, donde cortó dos orejas a un toro de Núñez del Cuvillo y dio una vuelta al ruedo en su segundo turno. Un triunfo en su pueblo, ante su gente, que volvió a poner de manifiesto la dimensión sentimental de una plaza fundamental en su vida. «Arnedo es mi pueblo, mi tierra, mi gente. Supone muchísimo para mí», reconoce. Una vinculación que viene de lejos, desde aquellos primeros sueños en la escuela taurina hasta la ilusión de regresar cada año a la Feria del Zapato de Oro. «No cambio por nada ser riojano y de Arnedo», afirma.
Sin embargo, uno de los grandes acontecimientos de su temporada llegó el 28 de mayo. Urdiales volvió a conquistar la Puerta Grande de Las Ventas por segunda vez en su carrera, después de cortar dos orejas a la corrida de Juan Pedro Domecq. Una tarde de enorme trascendencia que encontró su recompensa en el reconocimiento de una afición especialmente exigente. Para el riojano, Madrid representa mucho más que el hecho de abandonar la plaza a hombros: «Es la muestra del reconocimiento y el cariño de una afición tan entendida y tan exigente como la madrileña». Y añade una reflexión que explica el alcance emocional de aquel triunfo: «Es un respaldo importantísimo a tu forma de entender el Toreo, la vida. Más que el hecho de salir en hombros en sí, es la constatación de que lo que haces llega a un público muy entendido».
Aquella actuación tuvo además un reconocimiento especial con la concesión de la Oreja de Oro de la Corrida de la Prensa, un premio que Urdiales interpreta como un respaldo a toda una trayectoria y a una forma muy concreta de sentir la profesión. «Es el reconocimiento a toda una carrera de sacrificios, a un concepto diferente, a una forma de entender la propia existencia. Es muy reconfortante», explica.
La regularidad ha sido otra de las claves de una campaña en la que también llegaron triunfos destacados en Alcalá de Henares y Colmenar Viejo. El propio torero reconoce la importancia de haber podido mantener una continuidad de contratos y actuaciones: «Nunca he sido torero de números, pero es cierto que este año he podido torear más y con cierta regularidad. Eso es algo que necesitamos todos y, si además tenemos la suerte de que el toro embista, es maravilloso».
El calendario reservó otro de sus grandes momentos para Logroño. El 22 de septiembre, durante la feria de San Mateo, Urdiales desorejó a «Guijarrito», de Domingo Hernández, en una faena que volvió a situarle entre los grandes protagonistas de su tierra. Una actuación que tuvo en el buen juego del toro uno de sus principales argumentos y que permitió al riojano expresar su concepto tanto con el capote como con la muleta. «Fue un buen toro que me permitió torear como a mí me gusta. En Logroño, en mi tierra, en una plaza que tanto me quiere y a la que tanto quiero yo. Maravilloso», recuerda.
El triunfo tuvo continuidad en forma de reconocimiento con el Capote de Paseo de La Rioja 2026. Un galardón que vuelve a engrandecer su relación con la afición riojana y que tiene un significado especial en su trayectoria. «Son ocho capotes de paseo ya… Una barbaridad. Es un premio muy especial para mí», señala, antes de destacar también la importancia del compromiso institucional con la Fiesta.
A la hora de elegir entre la Puerta Grande de Madrid y la faena de Logroño, Urdiales no establece diferencias. Tampoco se olvida de otras tardes de especial significado en plazas como Palencia, Colmenar Viejo, Alcalá de Henares, Sevilla o Bilbao. «Cada tarde, cada triunfo, cada plaza, son especiales y diferentes. Madrid tiene más repercusión, está claro, pero cada faena es muy especial para mí. No puedo elegir una», afirma.
Su presente también se explica desde la ilusión. A los 51 años, cuando el paso del tiempo invita inevitablemente a mirar hacia atrás, Diego Urdiales sigue encontrando motivos para continuar creciendo como torero. No esconde que la retirada está cada vez más cerca, pero tampoco permite que esa circunstancia condicione su ambición artística. «Cada día tengo más ilusión por conseguir alcanzar cotas más altas en mi toreo. Cuando uno tiene esa ilusión y, lógicamente, mantiene una forma física adecuada, no hay barreras», asegura.
De cara a 2027, sus aspiraciones pasan por seguir presente en las grandes ferias y abrir nuevos escenarios a su trayectoria. Jerez, Huelva y Alicante aparecen entre las plazas en las que todavía no ha debutado, además de otros compromisos que le gustaría afrontar especialmente en el sur. No habla de cifras ni de objetivos estadísticos. Su horizonte continúa siendo el mismo: torear con profundidad y emocionar desde su particular concepto. «No soy torero de números, ni me fijo un objetivo numérico ni me planteo nada que no sea de calidad».
Una declaración que resume buena parte de su personalidad y de su manera de entender la profesión. Diego Urdiales no parece dispuesto a renunciar a la búsqueda de ese toreo que le ha acompañado durante toda su carrera. Su temporada 2026 ha vuelto a demostrar que la pureza no entiende de edades y que la ilusión continúa siendo el motor de un torero que todavía tiene sueños por cumplir. «Espero poder alcanzar mis sueños y hacer soñar a la gente».