Opinión

Coso de El Pino: el baluarte de sal y manzanilla cumple 126 años

La plaza de Sanlúcar de Barrameda llega a los 126 años de vida consolidada como un motor de identidad andaluza, ligada por siempre al esplendor del sur y encumbrada por la modélica gestión de Carmelo García.

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

1 de Julio de 2026
Coso de El Pino: el baluarte de sal y manzanilla cumple 126 años
Hay plazas de toros que son monumentos arquitectónicos, pero hay otras, muy pocas, que son un estado mental, una prolongación del paisaje que las rodea. El Coso de El Pino, en Sanlúcar de Barrameda, pertenece a este selecto segundo grupo. Cumplir 126 años de historia no es solo acumular almanaques; es consolidar un templo donde el viento de poniente, el aroma a manzanilla y la liturgia del toro bravo se funden en una experiencia única. Un aniversario que se alcanza, además, en uno de los momentos más brillantes y estables de toda su trayectoria.

Volver la vista atrás hacia aquel 1 de julio de 1900 es viajar a una edad de oro de expectación y romanticismo. Aquella tarde inaugural, sobre el albero sanluqueño, asomaron las figuras de Rafael González "Machaquito" y Rafael Molina "Lagartijo Chico" frente a una seria novillada de Miura. "Botello", un astado negro y cinqueño de la casa zaharicheña, tuvo el honor de estrenar un ruedo que con las décadas se convertiría en sagrado. Desde ese primer suspiro, El Pino nació con vocación de grandeza.

Sin embargo, la historia no se mantiene sola viva por inercia; necesita de manos expertas, pasión y una visión empresarial a la altura. En este punto es de justicia obligatoria destacar el presente de la plaza, un presente indisolublemente ligado al nombre de Carmelo García. La gestión actual del empresario sanluqueño al frente de El Pino roza la excelencia y se ha convertido en un auténtico modelo a seguir para la tauromaquia en plazas de su categoría.

Carmelo García ha sabido pulsar como nadie el alma de su tierra. Su gestión no se limita a organizar festejos, sino a cuidar el detalle, dotar de categoría a cada cartel y convertir cada tarde en un acontecimiento social y cultural. Bajo su batuta, Sanlúcar ha visto desfilar combinaciones de máximo postín en las que se entrelazan de manera impecable las máximas figuras del escalafón con los toreros de la tierra y las ganaderías de mayor prestigio. Es una gestión que combina la seriedad en el despacho con una sensibilidad artística desbordante, lo que se traduce año tras año en llenos en los tendidos y un impacto económico brutal para la ciudad.

Cumplir 126 años con una salud de hierro y un prestigio en constante crecimiento es el resultado directo de este trabajo bien hecho. El Coso de El Pino no es una reliquia del pasado, sino un órgano vivo, vibrante y ejemplar de la cultura andaluza gracias a una empresa que cree y dignifica la Fiesta.

Felicidades, Sanlúcar, porque en cada rincón de El Pino se respira la grandeza de un siglo largo de emociones y, sobre todo, el aroma inconfundible del arte impulsado por una gestión actual impecable que asegura el futuro del coso por muchos años más. Que sigan sonando los pasodobles en la desembocadura del Guadalquivir.

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