Crónicas

Sergio Rollón se proclama triunfador del Circuito de Novilladas de Madrid

Antonio Tortosa

Antonio Tortosa

Redactor

5 de Julio de 2026
Sergio Rollón se proclama triunfador del Circuito de Novilladas de Madrid
Foto: F. Toro de Lidia

Ficha del Festejo

PlazaPlaza de toros de San Martín de Valdeiglesias, Madrid
GanaderíaNovillos de Montealto (1º y 4º), Zacarías Moreno (2º y 3º) y Victoriano del Río (5º y 6º),

Sergio Rollón

vuelta al ruedo tras aviso, oreja con petición de la segunda y dos vueltas al ruedo y oreja

López Ortega

ovación, ovación tras aviso y oreja


Abrió plaza Sergio Rollón frente a un utrero de Montealto al que saludó con una larga cambiada de rodillas en el tercio, rematada con un templado recibo a la verónica que despertó los primeros olés de la tarde. Tras brindar el novillo a López Ortega, planteó una faena inteligente, dando al animal el sitio y los tiempos que necesitaba. El novillo tuvo clase y nobleza, aunque le faltó un punto más de entrega al final del muletazo. Rollón dejó los pasajes de mayor calidad sobre la mano izquierda, ligando naturales con buen pulso y profundidad antes de cerrar por manoletinas. Un pinchazo previo a la estocada y el posterior descabello enfriaron el premio. Pese a la fuerte petición de oreja, la presidencia no la concedió, quedando todo en una vuelta al ruedo de peso.

El segundo llevó la firma de López Ortega, que se marchó a la puerta de chiqueros para recibir al de Victoriano del Río con una declaración de intenciones. Superado el trance, completó un variado saludo capotero antes de brindar la faena a Sergio Rollón. El mexicano se encontró con un novillo exigente, de esos que no permiten el más mínimo error, pero respondió con firmeza, valor y una actitud siempre hacia adelante. Incluso tras sufrir una voltereta mientras toreaba al natural, volvió a la cara del animal sin un gesto de duda, firmando una labor de entrega y verdad que conectó con los tendidos. El fallo con los aceros le privó de tocar pelo, siendo ovacionado al finalizar.

El tercero devolvió el protagonismo a Sergio Rollón, que volvió a lucir el capote frente a un ejemplar de Zacarías Moreno de buena condición, humillador y con clase. Desde el inicio supo entender las virtudes del novillo, construyendo una faena maciza, basada en el temple, la largura y el buen gobierno de las embestidas por ambos pitones. Los muletazos llegaron limpios, ligados y siempre rematados atrás, creciendo la intensidad conforme avanzaba la obra. Una estocada de ejecución impecable puso rúbrica a una de las faenas de la tarde. El público pidió con fuerza las dos orejas, pero la presidencia únicamente concedió una oreja , provocando una sonora protesta mientras el novillero daba dos vueltas al ruedo.

El cuarto, de Montealto, ofreció muchas menos posibilidades. López Ortega volvió a demostrar su personalidad recibiéndolo con un farol de rodillas antes de intentar meter en la muleta a un novillo deslucido y de escasa entrega. Lejos de aburrirse o abreviar, el mexicano apostó por el compromiso, tragando mucho y buscando siempre el muletazo limpio pese a las dificultades del animal. La disposición y el valor fueron reconocidos por los tendidos. La espada y el descabello retrasaron el desenlace, siendo finalmente ovacionado tras aviso.

El quinto permitió a Sergio Rollón cerrar su participación con otra actuación de notable altura. Tras brindar el novillo a sus padres, protagonizó una faena muy sentida frente a un ejemplar de Victoriano del Río que fue protestado de salida, aunque terminó ofreciendo movilidad y transmisión. El abulense cuajó tandas templadas por ambos pitones, toreando con gusto y encaje, dejando muletazos de gran expresión que llegaron con fuerza al público. Remató la labor por bajo con torería antes de cobrar una estocada trasera que obligó al uso del descabello. El aviso dejó sin premio una actuación que mereció mayor recompensa.

Cerró la tarde López Ortega frente al novillo más serio del encierro de Victoriano del Río. El mexicano firmó una faena de gran personalidad, imponiendo su concepto ante un animal de fuerte presencia y exigente comportamiento. Hubo momentos de máxima tensión cuando el novillo lo prendió a la altura del pecho sin llegar a herirlo, pero lejos de acusar el percance, regresó con mayor determinación. Sobre ambas manos logró muletazos de enorme mérito, mezclando firmeza, temple y naturalidad. El epílogo, con varios ayudados por bajo junto a las tablas, puso el broche torero a una labor de gran calado. Una estocada entera, aunque algo desprendida, fue suficiente para que paseara una oreja.

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