Perera desata el delirio con el indulto de 'Onírico', mientras Roca Rey y David de Miranda completan una tarde de máxima dimensión marcadas por el gran juego de los toros de Juan Pedro Domecq
La plaza de toros de La Merced vivió este domingo una de esas tardes destinadas a ocupar un lugar privilegiado en la memoria de la afición onubense. Una corrida extraordinaria en la que Miguel Ángel Perera, Andrés Roca Rey y David de Miranda salieron a hombros tras una actuación de máxima entrega. El excelente envío de Juan Pedro Domecq, coronado por el indulto del bravo 'Onírico', puso el escenario perfecto para una función de altos vuelos.
El primero de la tarde, un toro de gran clase, humillación y fondo, encontró en Miguel Ángel Perera al intérprete ideal. El extremeño lo entendió desde el inicio, ligando una faena cimentada sobre el temple, la suavidad y el mando. Con la plaza completamente entregada, el toro respondió con una embestida incansable mientras Perera dibujaba series de enorme profundidad por ambos pitones. El ambiente fue creciendo hasta convertirse en un clamor cuando comenzaron a sonar con fuerza los gritos de indulto. La presidencia atendió la petición y 'Onírico' regresó a los corrales entre una ovación histórica, mientras el torero paseaba las dos orejas y el rabo simbólicos.
Lejos de conformarse, Perera volvió a demostrar su excelente momento frente al cuarto. El toro exigía una lidia más firme y el pacense respondió con inteligencia y autoridad, imponiendo su experiencia para extraer una faena de mérito que rubricó de una certera estocada. La recompensa fue una oreja que certificaba una de sus actuaciones más completas de la temporada.
Roca Rey tampoco quiso quedarse atrás. El peruano construyó su primera faena sobre la capacidad para sujetar y someter a un toro con buen son pero escasa continuidad. Tiró de recursos, personalidad y firmeza hasta conectar con los tendidos antes de dejar una estocada eficaz que le abrió la puerta del primer trofeo.
La explosión definitiva llegó con el quinto. Más entregado desde el inicio, el ejemplar de Juan Pedro permitió al limeño expresar su mejor versión. Roca Rey bajó la mano, toreó con largura y terminó imponiendo su conocida capacidad para jugarse la vida en las distancias más comprometidas cuando el animal comenzó a venirse abajo. El espadazo puso en pie a La Merced y las dos orejas concedidas, con una fuerte petición de rabo, aseguraban también su salida a hombros.
La tarde tenía reservado otro capítulo especial para David de Miranda. El torero de Trigueros celebraba el décimo aniversario de su alternativa. . Con el tercero firmó una faena vibrante, de entrega absoluta, en la que alternó pasajes de buen gusto con momentos de enorme exposición. Una estocada rotunda hizo que el público pidiera con fuerza las dos orejas.
Con la Puerta Grande ya asegurada, De Miranda no bajó el nivel en el sexto. Brindó la faena al guitarrista Vicente Amigo antes de iniciar una labor muy intensa, conectando desde el primer muletazo con unos tendidos completamente volcados con su paisano. El onubense volvió a apostar por el terreno de cercanía, levantando nuevamente al público de sus asientos. Aunque necesitó un pinchazo previo antes de la estocada, Oreja.