El diestro extremeño firma una tarde de clamoroso triunfo con cuatro orejas ante un encierro de variado juego de García Jiménez en el que se premió al sexto con la vuelta al ruedo
Volvía el toreo de seda y oro al coso de León en su tradicional cita de San Juan, registrando una magnífica entrada que superó los tres cuartos de aforo. Bajo la expectación de las grandes tardes, se lidió un encierro con los hierros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, un conjunto que anduvo justo de presencia y que ofreció un juego sumamente variado. Entre las luces y las sombras del ganado, emergió la categoría de una terna de figuras que supo sobreponerse a las condiciones de sus oponentes, logrando que el festejo mantuviera una constante intensidad emocional.
Abrió plaza Morante de la Puebla ante un primer toro que, si bien se movió en los compases iniciales, acusó una evidente falta de entrega. No le importó al genio de La Puebla, que hilvanó una faena muy asentada desde los albores del trasteo. Surgió ahí la versión más mandona y poderosa del sevillano, empapando siempre de muleta las embestidas y gobernando la condición del astado con una firmeza incuestionable. Tras una estocada algo trasera, paseó el primer apéndice de la tarde. En el cuarto, la historia tomó otro rumbo. Recibió Morante al de Matilla de forma espectacular por faroles e inició la faena asentado en el estribo; sin embargo, el pozo del toro se vació pronto. El animal se vino abajo de manera deslucida y la labor del sevillano quedó inédita por las condiciones de su oponente, siendo justamente ovacionado tras dejar media estocada al tercer intento.
Sebastián Castella firmó una tarde de suma inteligencia, oficio y paciencia, paseando una oreja de cada uno de sus enemigos. Frente al segundo, un toro noble pero de fuerzas muy medidas, el francés anduvo primoroso a la verónica y en un ceñido quite por chicuelinas. Con la franela, Castella lo trató con infinita suavidad, templando la endeble embestida para sostener la faena e intentar alargar los muletazos a base de pulso. Cobró media estocada al segundo encuentro y paseó el trofeo. Con el quinto se vivió un momento de tensión cuando el astado fue protestado por su trapío. No obstante, el toro guardaba dentro nobleza y fondo de bravura. Castella construyó una labor precisa, de excelente conexión con los tendidos, estructurando un trasteo que fue nítidamente de menos a más, hilvanando tandas limpias y ligadas que le valieron su segundo salvoconducto de la tarde.
La apoteosis total corrió a cargo de un inspirado Alejandro Talavante, que cuajó una tarde redonda de cuatro orejas. En el tercero, un ejemplar sin fijeza en los primeros tercios y que terminó rajado, el extremeño paró el tiempo a la verónica. Lo gordo llegó en el inicio de faena: de rodillas en el tercio, encendió la plaza con varios pases cambiados de tremendo impacto. Ya de pie, brotó la pureza del natural, firmando los pasajes más rotundos de su obra. Abrochó con manoletinas y un natural casi circular antes de pasear el doble trofeo.
En el sexto, de nombre Derribado, negro mulato de 442 kilos, la locura se desató por completo. Ante un toro noble aunque medido de poder, Talavante anduvo cumbre. A base de un pulso milimétrico y una enorme torería, obligó al toro a romper hacia adelante en una faena que fue un auténtico crescendo de emoción. El público, completamente volcado y puesto en pie, rugió con un final vibrante por bernadinas. Tras una estocada fulminante, cayeron las dos orejas de forma unánime y el palco presidencial asomó el pañuelo azul para premiar al buen toro de Matilla con la vuelta al ruedo en el epílogo de una gran tarde de toros.
Ficha del festejo
León, sábado 27 de junio de 2026. Plaza de toros de León. Feria de San Juan. Más de tres cuartos de plaza.
Ganadería: Toros de Hermanos García Jiménez y Olga Jiménez, justos de presentación y de juego variado. El sexto, de nombre Derribado, número 58, de 442 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo.
Morante de la Puebla: Oreja y ovación con saludos.
Sebastián Castella: Oreja y oreja.
Alejandro Talavante: Dos orejas y dos orejas.