Lo que debía ser una de las grandes corridas del verano madrileño terminó convirtiéndose en una de las tardes más convulsas que se recuerdan en Las Ventas. El esperado cartel formado por Antoñete, Curro Romero y Rafael de Paula acabó envuelto en protestas, almohadillas lanzadas al ruedo y un hecho insólito: un espectador saltó al ruedo y agredió a Curro Romero tras la negativa del sevillano a matar uno de sus toros.
La corrida celebrada el
12 de julio de 1987 en la
plaza de Las Ventas había despertado una enorme expectación. El cartel reunía a tres figuras de enorme personalidad:
Antoñete, Curro Romero y Rafael de Paula, aunque el intenso calor hizo que la plaza registrara un casi lleno,
sin llegar a colgar el tradicional cartel de "No hay billetes".
Desde los primeros compases quedó claro que no sería una tarde de triunfo. Antoñete no encontró el acoplamiento con sus toros y fue despedido con una fuerte división de opiniones y pitos en ambos turnos.
El momento que marcaría para siempre la jornada llegó con Curro Romero. El diestro sevillano decidió no entrar a matar a uno de sus toros, lo que provocó que sonaran los tres avisos reglamentarios y que el animal regresara vivo a los corrales. La reacción del público fue inmediata: una atronadora bronca acompañada por una lluvia de almohadillas sobre el ruedo. En medio de aquel ambiente de máxima tensión, un espectador saltó desde el tendido y agredió al torero antes de ser reducido por quienes se encontraban en el ruedo.
Lejos de calmarse, el ambiente continuó enrareciéndose durante el resto del festejo. Curro volvió a escuchar una nueva bronca en su segundo toro, mientras que Rafael de Paula tampoco consiguió enderezar la tarde. Tras escuchar pitos en su primero, tampoco logró dar muerte a su segundo ejemplar dentro del tiempo reglamentario, sonando igualmente los tres avisos y regresando también el toro a los corrales.
La corrida concluyó entre protestas generalizadas. Dos toros devueltos vivos a los corrales, una lluvia de almohadillas y la agresión sufrida por Curro Romero convirtieron aquella tarde en una de las más polémicas y recordadas de la historia de Las Ventas, no por el brillo artístico de los actuantes, sino por el clima de tensión que se apoderó de la plaza de principio a fin.