Crónicas

Las Rozas de Puerto Real: El temple de Serrano y la raza de Rollón abren la Puerta Grande; Castrejón destila pureza natural

Álvaro Serrano dibuja la seda ante el enclasado «Gallineto», premiado con la vuelta al ruedo; Sergio Rollón se vacía en dos faenas de entrega absoluta y Samuel Castrejón firma los pasajes más puros y amargos al natural.

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

20 de Junio de 2026
Las Rozas de Puerto Real: El temple de Serrano y la raza de Rollón abren la Puerta Grande; Castrejón destila pureza natural

Ficha del Festejo

PlazaLas Rozas de Puerto Real (Madrid)
GanaderíaNovillos de Piedraescrita

Álvaro Serrano

Oreja y oreja con fuerte petición de la segunda

Sergio Rollón

Oreja y oreja (Salió a hombros por la Puerta Grande).

Samuel Castrejón

Ovación y oreja.

Crujió la tarde en Las Rozas de Puerto Real bajo el signo de la variedad, el reventón de la bravura y la verdad descarnada que habita en las venas del toreo noble. Hubo de todo en el redondel madrileño: desde el infortunio de un pitón partido hasta el vuelo excelso de muletazos que parecieron detener el curso del tiempo. Brotó la seda, tronó la exigencia y, por encima de las contingencias, emergió la firmeza de tres novilleros empeñados en escribir su destino a base de pureza y valor sereno.

Tuvo que abrir plaza un sobrero colorado de Piedraescrita en cuarto lugar —corriendo el turno—, tras partirse el titular la vaina del pitón. Un utrero bajo, con cuello, que salió suelto y desentendido de los lances de bienvenida de Álvaro Serrano. Pero el de Navas del Rey traía la lección de la entrega aprendida. De hinojos, con el alma expuesta y un empaque antiguo, inició la faena por ayudados de sublime enjundia. En los medios, donde los mansitos claman por su querencia, Serrano lo sujetó con mando y una verticalidad prodigiosa. Cada muletazo tuvo expresión, coronando el embroque con un trincherazo tan hondo que pareció un suspiro en el ruedo. Acompañó la huida del animal con torería, venciéndolo en su terreno. Tras una media delantera y el uso del descabello, paseó el primer apéndice.

Lo cumbre llegaría con el auténtico cuarto, un tío por cuajo, corto de manos y con dos pitones astifinos apuntando al cielo de Rozas de Puerto Real. Frente a este astado, Serrano cuajó una obra de orfebrería pura. Acompañó una embestida de seda sobre el pitón derecho con una suavidad celestial, sin quebrantar al animal, eslabonando cada muletazo con el siguiente en una sinfonía de ligazón, nobleza y clase. El palco, rácano, negó la segunda oreja de un clamoroso clamor popular, pero no pudo evitar la vuelta al ruedo al extraordinario «Gallineto-7» y el triunfo legítimo del torero tras pasear un trofeo.

La tarde mantuvo su pulso vibrante con la presencia de Sergio Rollón, que lidió en primer término a un castaño de bellas hechuras, tan bravo como exigente. Rollón no se dejó nada en el tintero y planteó una faena maciza, de mano baja y trazo largo en el centro del anillo. La embestida de Piedraescrita pedía carné por su humillación, profundidad y codicia, y el novillero respondió con un compromiso inquebrantable y una limpieza pulcra, cerrando por ceñidas mondeñinas antes de cobrar una estocada algo caída que le valió una oreja de peso.

En el quinto, Rollón encendió la plaza recibiendo al utrero con dos largas cambiadas a revienta calderas en el tercio. El de Piedraescrita empujó con fijeza hasta derribar al caballo, pero en la huida sufrió dos vueltas de campana consecutivas que lo mermaron de gravedad para el último tercio. El de Burgohondo anduvo firme, templando la mermada pero noble condición de un toro que acusó los testarazos. Una pena, porque el animal auguraba una clase descomunal. En las tablas, Rollón se pegó un arrimón de hombría y, tras una estocada trasera, amarró la oreja que le abría de par en par la codiciada Puerta Grande.

La cruz de la moneda y el aroma del toreo caro corrieron a cargo de Samuel Castrejón. Frente al enclasado tercero, Castrejón cinceló el toreo al natural de más quilates de la tarde. Muy encajado, con una personalidad arrebatadora y una pureza que helaba la sangre, brotó el toreo zurdo con sus bellas imperfecciones, que no son sino la prueba de la verdad humana frente a la geometría. Los cambios de mano resultaron monumentales. Sufrió una espeluznante voltereta al rematar una tanda de derechazos, pero el triunfo, ya maduro, se esfumó por los aceros.

En el sexto, un toro descompuesto que sembró la incertidumbre en los primeros tercios, Castrejón impuso su ley. Muy despacio, desgranando su concepto, ordenó las embestidas ásperas para defender una forma incorruptible de entender el toreo. Una estocada trasera pero efectiva le entregó, por justicia, la oreja de la dignidad. Al final, la plaza reconoció el esfuerzo de una terna que dignificó el escalafón.

FICHA DEL FESTEJO
Plaza de toros: Las Rozas de Puerto Real (Madrid), España. Novillada con picadores.

Ganadería: Novillos de Piedraescrita (el 4º lidiado como sobrero bis), bien presentados y de juego interesante. Destacó el exigente y bravo 2º, el enclasado 3º, y en especial el 4º bis, de nombre «Gallineto-7», premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre por su excelsa nobleza y clase.

Álvaro Serrano: Oreja y oreja con fuerte petición de la segunda.

Sergio Rollón: Oreja y oreja (Salió a hombros por la Puerta Grande).

Samuel Castrejón: Ovación y oreja.

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