La terna completa sale a hombros en Villanueva de Córdoba

Javier Luque
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaVillanueva de Córdoba
GanaderíaEl Canario y Valdefresno
Sebastián Fernández
Dos orejas y dos orejas
Fortes
Oreja y Oreja
Víctor Hernández
Ovación y Dos orejas
Sebastián Fernández, volvió a dejar patente un concepto del rejoneo cimentado en la pureza, el temple y el buen gusto. Desde los primeros compases de la lidia destacó por la serenidad de su monta y el exquisito gobierno de una cuadra perfectamente preparada, llevando al toro siempre muy reunido y con un ritmo que permitió apreciar la calidad de las embestidas.
Cada reunión estuvo presidida por el ajuste y la verdad, apurando las distancias con valor y ofreciendo banderillas de gran exposición, pero sin renunciar nunca a la elegancia. Su toreo a caballo discurrió con naturalidad, enlazando las suertes con armonía y dejando pasajes de gran plasticidad, en los que caballo y toro parecían fundirse en un mismo compás.
Más allá de la espectacularidad de algunos quiebros y galopes de costado, Sebastián Fernández demostró que su mayor virtud reside en el temple y en la capacidad para entender a cada toro, adaptando la lidia a sus condiciones y construyendo una faena de creciente intensidad. Un rejoneo clásico en sus formas, moderno en su concepción y siempre guiado por la búsqueda de la emoción y la autenticidad. Dos orejas y dos orejas.
Fortes, volvió a hacer del toreo un ejercicio de verdad y sentimiento. Su concepto, sereno y profundo, encontró en el temple su mejor aliado para dibujar muletazos de mano baja y largo recorrido, siempre buscando la pureza de las formas y el gobierno absoluto de la embestida.
Sin un solo gesto de impostura, el malagueño fue construyendo una faena de creciente intensidad, asentado sobre los talones y dejando que el toro rompiera hacia adelante con naturalidad. Cada pase estuvo cargado de hondura, con esa cadencia pausada que distingue a los toreros capaces de torear despacio y mandar sobre la embestida.
Fortes interpretó el toreo con personalidad propia, apostando por la ligazón, el ajuste y la profundidad antes que por el efectismo. Cuando el toro se entregó, surgieron naturales de extraordinaria expresión y derechazos de exquisito gusto, rematados con cambios de mano y trincherazos de gran sabor clásico. Una actuación marcada por la autenticidad, el valor sereno y la búsqueda constante de la belleza, fiel reflejo de un torero que entiende la tauromaquia como un arte de emoción, verdad y sentimiento. Oreja y oreja.
Víctor Hernández, volvió a demostrar que su tauromaquia se sostiene sobre el valor, el compromiso y una firme vocación de triunfo. Desde el saludo capotero dejó entrever un concepto basado en la quietud y el ajuste, dispuesto a jugarse la vida en cada embroque para sacar el máximo partido a las condiciones del toro. Con la muleta, el madrileño imprimió ritmo y ligazón a una faena de gran intensidad, llevando la embestida muy cosida a la tela y rematando los muletazos con firmeza y hondura\. Su toreo destacó por la capacidad de someter al toro, obligándolo a pasar por donde marcaba la muleta, siempre desde una actitud de absoluto compromiso. Víctor Hernández interpretó la lidia con ambición y personalidad, alternando series de mano derecha de gran transmisión con naturales templados y profundos. Su concepto, cimentado en la entrega y el valor sereno, encontró el equilibrio entre la pureza y la emoción, dejando una actuación de notable peso taurino\. Un torero que afronta cada tarde con la determinación de quien busca abrirse paso a base de verdad, convencimiento y una inquebrantable fe en su forma de entender el toreo. Ovación y dos orejas.


