Pamplona vivió una de las tardes más impactantes de los Sanfermines el 8 de julio de 1950. La corrida, protagonizada por toros de la ganadería de Fermín Bohórquez, quedó marcada por la gravísima cornada sufrida por el matador Rafael Ortega, un suceso que conmocionó al público y pasó a formar parte de la historia de la plaza.
Pamplona vivía la segunda jornada taurina de sus fiestas de
San Fermín de 1950. Las calles del casco antiguo amanecían engalanadas y llenas del bullicio propio de unos Sanfermines que reunían a vecinos y visitantes alrededor de sus tradiciones. Tras los encierros y los actos festivos, la atención de la ciudad se trasladaba por la tarde a la plaza de toros, donde se anunciaba una corrida con toros de la
ganadería de Fermín Bohórquez para
los diestros Manolo González, Manuel Dos Santos y Rafael Ortega.
La tragedia llegó durante la lidia del sexto toro, llamado “Trocador”. El animal, bravo y poderoso, puso en serios apuros al joven matador gaditano Rafael Ortega, quien sufrió una de las cogidas más graves que se recuerdan en la historia de la feria pamplonesa. El toro le propinó dos cornadas, causando una profunda impresión entre el público que llenaba los tendidos.
El silencio sustituyó al ambiente festivo de la plaza mientras los equipos médicos y sus compañeros acudían en auxilio del torero. La noticia de la gravedad del percance se extendió rápidamente por la ciudad, donde la preocupación acompañó al final de aquella jornada sanferminera.
Aquel 8 de julio de 1950 quedó señalado como una fecha dramática dentro de la memoria de los Sanfermines. La cogida de Rafael Ortega pasó a formar parte de la historia taurina de Pamplona por la dureza del suceso y por la posterior recuperación del diestro, considerada casi milagrosa por quienes siguieron su evolución.