Diosleguarde reclama por derecho un hueco entre las figuras
La Feria de San Pedro abrió su ciclo taurino con una tarde de triunfos en Zamora, donde Emilio de Justo, Borja Jiménez y Manuel Diosleguarde salieron a hombros tras repartirse ocho orejas.
28 de Junio de 2026

Ficha del Festejo
PlazaZamora
GanaderíaEl Pilar
FestejoEntrada: media plaza.
Emilio de Justo
Oreja tras aviso y oreja
Borja Jiménez
Oreja y dos orejas
Manuel Diosleguarde
Oreja y dos orejas
La Feria de San Pedro abrió su ciclo taurino con una tarde de triunfos en Zamora, donde Emilio de Justo, Borja Jiménez y Manuel Diosleguarde salieron a hombros tras repartirse ocho orejas. El extremeño volvió a demostrar su capacidad para imponerse a un lote de escasas opciones; Borja Jiménez aprovechó con rotundidad al mejor toro de la corrida, premiado con la vuelta al ruedo; y Diosleguarde firmó la actuación más reivindicativa del festejo. El salmantino, que ya había triunfado hace un año en este mismo coso, volvió a dejar claro que su nombre merece abrirse paso en los carteles de las figuras.
Abrió plaza Emilio de Justo con un toro que cumplió en los primeros tercios, pero que nunca terminó de romper hacia delante. El extremeño fue construyendo la faena de menos a más, entendiendo poco a poco una embestida que exigía paciencia, colocación y mucho mando. El animal, justo de fuerzas y con tendencia a desentenderse por momentos del engaño, encontró en el poder del extremeño la ayuda necesaria para ofrecer una imagen más lucida. Hubo pasajes de buen gusto sobre el pitón derecho y una serie al natural que elevó el tono del trasteo. Mató de una estocada efectiva, ligeramente desprendida, escuchó un aviso y paseó la primera oreja de la tarde.
Con el cuarto volvió a demostrar oficio. El toro llegó muy limitado de fuerzas hasta el punto de que desde los tendidos se pidió con insistencia el cambio. Emilio administró los tiempos, dio las pausas necesarias y buscó siempre el lado más favorable del animal. El momento de mayor mérito llegó con la espada. Cuando el toro amenazaba con echarse en tablas, el extremeño se vio obligado a entrar a matar prácticamente sin margen, dejando una estocada de gran ejecución y compromiso que le valió el segundo trofeo y la Puerta Grande.
Borja Jiménez encontró en su primero un toro protestado de salida por parte del público zamorano debido a su presentación. Sin embargo, el sevillano supo meter pronto a la plaza en la faena con un inicio de enorme personalidad: comenzó de pies quietos, enlazó con doblones y terminó de rodillas con un largo pase de pecho que levantó los primeros olés de la tarde. Después llegaron tandas ligadas sobre la mano derecha frente a un animal noble, aunque de fuerzas justas, que acabó siendo aplaudido en el arrastre. Un pinchazo previo a la estocada dejó el premio en una oreja.
La rotundidad llegó con el quinto, el mejor ejemplar del encierro de El Pilar. Borja lo saludó con gusto a la verónica y, tras brindar la faena a Gómez Pascual, construyó un trasteo de gran ligazón y mando ante un toro bravo, humillador y con largura, al que entendió desde el primer muletazo. Hubo transmisión, temple y profundidad por ambos pitones, destacando especialmente el toreo al natural. El sevillano rubricó la obra con un estoconazo en todo lo alto que hizo rodar al animal y puso en sus manos las mientras el bravo "Mirillo", número 70, era premiado con la vuelta al ruedo.
Pero el nombre propio de la tarde volvió a ser el de Manuel Diosleguarde. El salmantino recibió al tercero con una larga cambiada para después dejar un variado saludo capotero. Tras un brillante tercio de banderillas, en el que saludaron Elías Martín y el zamorano Javier Gómez Pascual, brindó precisamente a este último en el año de su despedida de los ruedos. Comenzó la faena de rodillas, en los medios, decidido a apostar desde el primer instante, aunque pronto quedó claro que el toro iba apagándose poco a poco. Perdió las manos en varias ocasiones, acusó la falta de fuerzas y terminó sin apenas transmisión. Lejos de venirse abajo, Diosleguarde tiró de recursos, firmeza y oficio para sostener una labor en la que puso mucho más de lo que el animal llevaba dentro. Una estocada entera y fulminante le permitió cortar una oreja.
Todo quedó reservado para el sexto. Con Emilio de Justo y Borja Jiménez ya con la Puerta Grande asegurada, Diosleguarde sabía que tenía delante la oportunidad de reivindicarse junto a dos de los nombres más importantes del escalafón. Se fue a porta gayola para recibir al último de la tarde en toda una declaración de intenciones. El toro lo atropelló sin consecuencias al frenarse en el capote, pero el salmantino volvió a la cara del animal para continuar el saludo con decisión. Brindó al público y comenzó la faena doblándose por bajo antes de ir creciendo poco a poco junto a un toro bravo y codicioso, con el que ligó las series más rotundas de la tarde. Hubo mano baja, mando y una firmeza constante ante un animal que también tenía sus teclas y exigía estar muy encima de él.
No se dejó nada dentro. Sabía lo que estaba en juego y respondió como quien quiere demostrar que también puede competir de tú a tú con las figuras. La plaza terminó entregada a un trasteo de menos a más que culminó con un estoconazo en todo lo alto. El toro cayó fulminado, sin necesidad de puntilla, y las dos orejas fueron el premio a una actuación que trasciende el simple resultado estadístico.
Hay triunfos que no deberían quedarse únicamente en una fotografía a hombros. El del salmantino fue una seria reivindicación para reclamar, por derecho propio, un sitio en los carteles de las figuras.

Nerea F.Elena

Menacho

Menacho

Nerea F.Elena

Nerea F.Elena




Nerea F.Elena

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