Media plaza en la localidad toledana para una tarde de aprendizaje, entrega y conceptos interesantes, con novillos de Monteolivo de juego desigual. Rosado y Manuel de María fueron los únicos que tocaron pelo, mientras Álvaro Sánchez fue ovacionado e Ismael López dio una vuelta al ruedo.
Pelahustán (Toledo), 8 de agosto de 2026. La plaza de toros de Pelahustán registró media entrada para la celebración del
V Trofeo Domingo Ortega ’26, una clase práctica que reunió a tres alumnos de la Escuela Taurina de Toledo
David Rosado, Álvaro Sánchez e Ismael López y al joven
Manuel de María, perteneciente a la
Escuela Taurina Yiyo de Madrid.
Se lidiaron cuatro novillos de Monteolivo, de distintas capas y comportamiento desigual, en una tarde marcada fundamentalmente por la disposición de los jóvenes actuantes y por las circunstancias particulares que ofreció cada uno de los animales.
La tarde comenzó, además, con una circunstancia que obligó a modificar el orden previsto. El novillo que inicialmente estaba destinado a David Rosado, quien tenía la intención de recibirlo a puerta gayola, quedó sin descajonar. De esta manera, hubo que recurrir al siguiente astado y alterar el orden de lidia.
- Álvaro Sánchez: disposición ante un «novillo de bandera»
Fue Álvaro Sánchez quien abrió plaza ante un novillo colorado claro, de buena condición, al que su profesor, Eugenio de Mora, llegó a calificar como un «novillo de bandera».
Sánchez salió dispuesto a aprovechar las posibilidades que ofrecía el animal y protagonizó varios intentos de entrega, buscando encontrarle las distancias y el sitio adecuado. Hubo voluntad y actitud por parte del alumno toledano, aunque la faena no terminó de tomar el vuelo suficiente para alcanzar la intensidad deseada.
El público reconoció su esfuerzo al finalizar su actuación con una ovación.
- - David Rosado: una oreja con fuerte petición de la segunda
El segundo novillo fue para David Rosado, que se encontró con un ejemplar negro. El alumno de la Escuela Taurina de Toledo afrontó su compromiso con decisión y mostró una actitud firme durante su actuación.
Rosado fue ganando terreno conforme avanzaba la faena y supo mantener la atención de los tendidos, dejando patente su deseo de aprovechar la oportunidad. La labor encontró respuesta en el público y, tras la suerte suprema, cortó una oreja, acompañada de una fuerte petición de la segunda, que finalmente no fue concedida.
Un premio que reconoce la entrega mostrada por el joven toledano en una tarde en la que, además, había visto alterado su turno de actuación por la incidencia producida con su novillo inicialmente anunciado.
- Ismael López: voluntad y una vuelta al ruedo
En tercer lugar salió Ismael López, que tuvo delante un novillo negro, número 39. El alumno de la Escuela Taurina de Toledo se mostró igualmente dispuesto y buscó siempre la manera de sacar partido a las condiciones de su oponente.
López dejó sobre el ruedo una actuación marcada por la voluntad y la entrega, aunque la faena quedó finalmente condicionada por la suerte suprema. El joven tuvo dificultades para entrar a matar y necesitó varios intentos con los aceros antes de poner fin a la vida del animal.
A pesar de ello, el público quiso reconocer su disposición y su esfuerzo con una vuelta al ruedo.
- Manuel de María: naturalidad, valor y una oreja
Cerró plaza Manuel de María, alumno de la Escuela Taurina Yiyo de Madrid, ante un novillo castaño. Su actuación fue una de las notas más destacadas de la tarde por la naturalidad con la que el joven afrontó el compromiso.
Desde el comienzo dejó patente un concepto de toreo natural y asentado, acompañando los muletazos con buenas maneras y, sobre todo, mostrando una importante dosis de valentía ante un novillo que tuvo un comportamiento tan particular como exigente.
El animal hacía algo que obligaba al novillero a no confiarse. Parecía quedarse sin fuerzas, como si estuviera a punto de entregarse definitivamente, pero cuando todo hacía pensar que estaba prácticamente muerto volvía a resurgir y sacaba un último fondo, recuperando fuerzas y poniendo de nuevo en aprietos al joven torero. Esa circunstancia se repitió durante la actuación y dio especial mérito a la firmeza de Manuel de María, que supo mantenerse siempre atento y por encima de las inesperadas recuperaciones de su oponente.
El madrileño toreó con mucha naturalidad y buenas formas, sin perder la compostura ante un animal que exigía estar siempre metido en la faena. Hubo momentos de notable expresión y, especialmente, una actitud valiente que fue reconocida por los tendidos.
La suerte suprema no resultó sencilla. Tras varios intentos, hubo que recurrir al descabello, acertando Manuel de María al primer golpe. El público pidió con fuerza el trofeo y la presidencia concedió una oreja, con una fuerte petición de la segunda.
- Una tarde de aprendizaje y futuro
Concluyó así una interesante clase práctica en Pelahustán, enmarcada en el V Trofeo Domingo Ortega, en la que los cuatro jóvenes dejaron sobre la arena distintas muestras de su evolución y, sobre todo, la ilusión y la entrega propias de quienes buscan abrirse camino en el mundo del toro.
David Rosado y Manuel de María cortaron una oreja, ambos con una importante petición de la segunda; Ismael López dio una vuelta al ruedo y Álvaro Sánchez fue ovacionado. Más allá del marcador de trofeos, la tarde sirvió para comprobar el trabajo que se viene realizando desde las escuelas taurinas y para poner en valor la importancia de estas clases prácticas en la formación de los futuros toreros.