Aarón Palacio conquista Huesca y abre la Puerta Grande en su presentación
El joven torero aragonés corta dos orejas a su primero en una tarde de lleno, mientras Talavante y Emilio de Justo pasean una oreja cada uno

Javier Holgado
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaHuesca
GanaderíaEl Pilar
FestejoPlaza de toros de Huesca. Segunda corrida de la Feria Taurina de la Albahaca. Lleno de ‘No hay billetes’. Toros de El Pilar, de juego desigual y con diferentes matices.
Alejandro Talavante
oreja, silencio
Emilio de Justo
silencio, oreja
Aaron Palacio
dos orejas, silencio
Huesca volvió a vivir una tarde de máxima expectación con los tendidos completamente llenos para recibir a Alejandro Talavante, Emilio de Justo y Aarón Palacio, encargados de lidiar una corrida de El Pilar. El encierro ofreció diferentes comportamientos, con ejemplares nobles pero faltos de entrega, otros con dificultades y un quinto manejable al que Emilio de Justo consiguió extraer todo lo que llevaba dentro. La gran noticia de la tarde fue Aarón Palacio, que en su presentación en la Feria de la Albahaca salió a por todas y terminó abriendo la Puerta Grande.
El primero, un toro noble pero falto de entrega, permitió a Alejandro Talavante desarrollar una faena basada en la inteligencia y el oficio. El extremeño encontró mayores posibilidades por el pitón derecho, donde logró imprimir temple a las embestidas de su oponente. Talavante administró bien las condiciones del animal y, tras un certero y bien colocado espadazo que resultó fulminante, consiguió una oreja ante la petición mayoritaria de los tendidos.
El segundo fue un ejemplar alto, largo y armónico que mostró buena voluntad, aunque evidenció flojedad en los cuartos traseros y escasa transmisión. Emilio de Justo lo cuidó desde el comienzo, toreándolo en paralelo y en línea recta para ocultar sus defectos. Cuando lo llevó al natural, el animal terminó por aplomarse, aunque el extremeño no desistió y cerró su labor con unas manoletinas. La estocada hizo que el toro tardara en doblar y la actuación fue recibida con silencio.
El tercero fue el gran toro de la tarde para el triunfo de Aarón Palacio, aunque no resultó sencillo. Un ejemplar complejo, codicioso pero informal, al que el joven aragonés tuvo que imponerse a base de suavidad, firmeza y temple. Palacio conectó desde el recibo capotero, con una larga cambiada de rodillas y un variado repertorio de chicuelinas y tafalleras. En la muleta consiguió limar las asperezas del animal y construir una faena de notable mérito. Un espadazo algo desprendido, pero de efecto fulminante, desató el clamor de los tendidos y le permitió cortar las dos orejas.
El cuarto protagonizó un inicio de faena de gran emoción de la mano de Talavante, que comenzó en el tercio con cambiados por la espalda. Sin embargo, el toro se vino abajo prácticamente de inmediato y redujo considerablemente las posibilidades del extremeño. Talavante insistió por el pitón derecho, el lado más manejable de su oponente, tratando de mantener la intensidad de la faena. La espada, esta vez, no acompañó y la labor quedó sin premio, siendo silenciada.
El quinto fue un toro manejable, aunque justo de raza, ante el que Emilio de Justo volvió a demostrar su capacidad para sacar partido a las condiciones de su oponente. El extremeño llevó al animal muy cosido a los vuelos de la muleta, especialmente sobre la mano derecha, manteniendo su celo y exprimiendo sus posibilidades hasta que terminó afligido. Una estocada trasera puso punto final a la faena y el torero paseó una oreja.
El sexto fue muy complicado y no tuvo nada dentro. Poco pudo hacer Aarón Palacio ante un animal sin opciones, aunque el torero aragonés no dejó de intentarlo por todos los caminos y se la jugó a sabiendas de que la recompensa era escasa. Lo intentó hasta el final, poniendo de manifiesto su disposición y compromiso. Dejó una estocada desprendida al segundo intento y fue silenciado.
El sexto fue muy complicado y no tuvo nada dentro. Poco pudo hacer Aarón Palacio ante un animal sin opciones, aunque el torero aragonés no dejó de intentarlo por todos los caminos y se la jugó a sabiendas de que la recompensa era escasa. Lo intentó hasta el final, poniendo de manifiesto su disposición y compromiso. Dejó una estocada desprendida al segundo intento y fue silenciado.


