La plaza de toros de Villarrobledo reabrió sus puertas este lunes 17 de agosto con una corrida de Peñajara que devolvió el ambiente taurino al coso manchego tras varios años sin festejos. Antonio Ferrera salió a hombros tras cortar tres orejas, mientras Manuel Escribano paseó una y Javier Cortés logró dos.
Villarrobledo (Albacete), 17 de agosto de 2026. La tauromaquia volvió a ocupar este lunes un lugar protagonista en Villarrobledo. La plaza de toros de la localidad albaceteña reabrió sus puertas para acoger una corrida que había despertado una notable expectación entre los aficionados y que suponía el regreso de los toros al coso manchego después de varios años de ausencia.
La tarde reunió a Antonio Ferrera, Manuel Escribano y Javier Cortés, encargados de enfrentarse a una corrida de Peñajara de Casta Jijona. El encierro destacó por su presencia y variedad de capas, dentro de una apuesta ganadera que pretendía dar categoría al regreso de la actividad taurina a Villarrobledo.
Desde los primeros compases se percibió que no se trataba de una tarde más. El regreso de los festejos había convertido la cita en uno de los acontecimientos de la Feria y la afición respondió al reclamo de un cartel compuesto por tres toreros de perfiles diferentes.
Antonio Ferrera fue uno de los grandes protagonistas de la jornada. El extremeño cortó una oreja a su primer toro y alcanzó el triunfo más rotundo de la tarde frente al cuarto, al que desorejó, con petición de rabo. La faena provocó una importante respuesta del público, hasta el punto de que se llegó a solicitar el indulto del animal. Ferrera terminó saliendo como uno de los nombres propios de la reapertura del coso.
Manuel Escribano también dejó su sello. El sevillano cortó una oreja a su primer toro y volvió a imponerse en su segundo turno, donde consiguió dos orejas, sumando tres en su cuenta particular. Su actuación, basada en la entrega y la capacidad para aprovechar las posibilidades de su lote, fue una de las notas destacadas de la corrida.
También Javier Cortés salió a hombros. El madrileño cortó dos orejas a su primero y añadió otra en el sexto, completando así una tarde de tres trofeos y confirmando el carácter triunfal del festejo.
Más allá del resultado artístico, la jornada tuvo un significado especial para la localidad. El regreso de la actividad taurina supone recuperar una cita que forma parte de la tradición festiva de Villarrobledo y que la afición local llevaba tiempo esperando. La corrida del 17 de agosto había sido presentada precisamente como el reencuentro del municipio con su plaza y con una tradición que permanecía interrumpida.
Así, Villarrobledo volvió a vestirse de luces y a vivir una tarde taurina con triunfo de los toreros y protagonismo para una ganadería de marcado carácter. El resultado deja en la memoria de esta Feria una jornada especial: la del regreso de los toros a una plaza que, tres años después, volvió a abrir sus puertas para la afición.