Ocho astados procedentes de Guadalix de la Sierra duermen ya en la Rochapea bajo el azote del viento, listos para la cita de Talavante, Roca Rey y David de Miranda el 9 de julio.
El viento, desatado y ruidoso, quiso sumarse como un espectador imprevisto al primer gran hito de la Feria de San Fermín de 2026. En la tarde del pasado jueves 25 de junio, en medio de un fuerte vendaval que sacudió con bravura la capital navarra, los cerrojos de los Corrales del Gas volvieron a crujir para recibir a sus primeros moradores oficiales: los toros de la prestigiosa ganadería madrileña de Victoriano del Río Cortés.
El envío, que consta de ocho imponentes astados, completó su viaje desde las dehesas de Guadalix de la Sierra —ese evocador rincón madrileño que Luis García Berlanga inmortalizara en el celuloide con su célebre obra «Bienvenido Mister Marshall»—. Sin embargo, en esta ocasión, lo que ha llegado a Pamplona no es una promesa intangible, sino la rotunda realidad de un encierro serio, cuajado y con la hondura exigida por el aficionado pamplonés.
La expectación es máxima ante el desembarco de esta divisa en los corrales de la Rochapea, un hierro que es garantía de emoción, casta y triunfo en el coso de la Misericordia. Los ejemplares aguardan ya el transcurrir de los días de vísperas, aclimatándose al norte tras haber sorteado las inclemencias meteorológicas de su llegada.
La hora de la verdad para este lote llegará el próximo 9 de julio, una de las fechas clave del abono sanferminero. En el albero de la Plaza de Toros de Pamplona, tres conceptos radicalmente distintos buscarán la gloria ante las embestidas de los astados madrileños: la genialidad y el trazo impredecible de Alejandro Talavante, la arrolladora ambición del ciclón peruano Roca Rey, y el valor seco, sereno y puro del onubense David de Miranda. La pólvora está en los corrales; solo queda que los clarines ordenen romper el paseíllo.