El torero de Santos de la Humosa firmó una de las actuaciones más destacadas de la tarde frente al tercer toro, un ejemplar de La Ventana del Puerto de notable calidad. Una labor de gran verdad que estuvo acompañada por una aparatosa voltereta antes de pasear el único trofeo concedido.
El tercer toro de la tarde, un ejemplar de La Ventana del Puerto de mayor seriedad y buena expresión, ofreció una embestida de calidad, templada y con movilidad, permitiendo el lucimiento de Víctor Hernández.
El diestro lo saludó de recibo a pies juntos y, tras un inesperado incidente provocado por la irrupción de un gallo en el ruedo, volvió a tomar el protagonismo con un vistoso quite por saltilleras ejecutado con gran verticalidad.
La faena de muleta comenzó con unos estatuarios de gran firmeza que conectaron de inmediato con los tendidos. A partir de ahí, Hernández construyó una labor basada en el temple y el buen gusto, llevando siempre la embestida muy cosida a la muleta y obligando al toro a viajar con profundidad. Especial relieve alcanzó el toreo al natural, donde logró los pasajes de mayor calado frente a un astado que mantuvo la clase durante buena parte de la lidia, aunque terminó buscando la querencia de tablas.
Las luquecinas pusieron el broche a una actuación de alto nivel antes de que llegara el momento más comprometido de la tarde. El matador, confiado en las condiciones del toro, fue sorprendido por el animal y sufrió una fuerte voltereta de la que, afortunadamente, pudo reponerse para entrar a matar al primer intento. Aunque necesitó el descabello, la presidencia concedió una única oreja, un premio que muchos consideraron escaso por la dimensión de la faena.