Crónicas

Tres debutantes, triple puerta grande. Diosleguarde, Ismael Martín y Navalón triunfan en El Burgo de Osma

Samuel Navalón fue el gran triunfador numérico de la tarde, con tres orejas y un rabo, pero el éxito fue compartido en el debut de los tres toreros en El Burgo de Osma. Manuel Diosleguarde cortó dos orejas e Ismael Martín sumó una de cada toro, en una tarde de mucha entrega y compromiso en la que los tres terminaron saliendo a hombros por la puerta grande.

16 de Agosto de 2026
Tres debutantes, triple puerta grande. Diosleguarde, Ismael Martín y Navalón triunfan en El Burgo de Osma
Foto: Nerea F.Elena

Ficha del Festejo

PlazaBurgo de Osma
GanaderíaLa Campana

Manuel Diosleguarde

Dos orejas y ovación

Ismael Martín

Una oreja y una oreja

Samuel Navalón

Una oreja y dos orejas y rabo

El Burgo de Osma ha vivido la segunda tarde de su feria con una corrida llena de triunfos y entrega en la que Manuel Diosleguarde, Ismael Martín y Samuel Navalón abandonaron el coso a hombros. Una tarde de esas en las que el marcador final cuenta mucho, pero no termina de explicar todo lo que sucedió sobre el ruedo. La corrida de La Campana, desigual en juego y con varios toros escasos de fuerza y raza, encontró en los tres jóvenes espadas la disposición necesaria para que la tarde no se viniera abajo.

Manuel Diosleguarde salió decidido desde el principio. Recibió al primero con variedad y disposición y brindó su faena a Lucía, ganadera de La Campana. Ante un toro noble, aunque limitado de fuerzas, el salmantino construyó una faena que fue de más a menos en intensidad, pero en la que nunca faltó entrega. Se arrimó hasta donde pudo y terminó metido entre los pitones de un animal que ya llegaba muy mermado al final de su recorrido.
La estocada, ejecutada con verdad, terminó de poner en sus manos las dos orejas y aseguró desde ese momento la puerta grande. Pero su segundo toro dejó todavía una impresión mayor. Un ejemplar serio, aunque también falto de fuerza y emoción, frente al que Diosleguarde volvió a demostrar que sabe lo que hace y, sobre todo, que sabe aprovechar lo que tiene delante. Alargó la faena y se mostró nuevamente muy cerca de los pitones. Hubo petición de oreja, pero la presidencia no la concedió, quedándose en una ovación tras aviso.
Diosleguarde se marchó así con dos orejas, pero con la sensación de haber dejado una de las actuaciones más sólidas de la tarde. Se tiró a matar con la verdad por delante y volvió a demostrar que es un torero de pies a cabeza: conocedor del oficio, con recursos y, quizá lo más importante, con capacidad para sacar partido a lo que tiene delante.

Ismael Martín tuvo que remar también contra las circunstancias. Su primer toro, de bonita capa pero escaso de raza, apenas permitió lucimiento con el capote y tampoco ayudó demasiado en la muleta. El salmantino inició la faena de rodillas y trató de buscarle las vueltas a un animal prácticamente parado. La estocada le permitió cortar una oreja.
Con el quinto la historia fue todavía más complicada. El toro salió rematando por todas partes, pero antes incluso de llegar a banderillas ya dejó claro que las fuerzas no iban a acompañarle: se echó antes del tercio y volvió a hacerlo durante la faena. Ismael, lejos de desistir, permaneció firme e insistente, buscando una embestida que apenas existía y llevándose algún que otro susto en el intento. Brindó este último toro de la tarde a "El Zuri", antiguo banderillero de toreros como Fortes.
La estocada volvió a ser su mejor argumento y le permitió cortar otra oreja. Dos apéndices para un torero que no tuvo precisamente el lote más agradecido y que salió a hombros después de una tarde de mucha voluntad y compromiso.

Y entonces llegó el sexto. Samuel Navalón ya había dejado buenos pasajes con su primero, un toro fuerte y bravo en el caballo, aunque de embestida brusca. El valenciano se mostró asentado y fue construyendo una faena de menos a más, con una gran serie de naturales y varios circulares que fueron calentando los tendidos. Cortó una oreja al tercero de la tarde. Pero lo mejor estaba por llegar. El sexto fue probablemente el toro con más posibilidades de toda la tarde y Navalón entendió desde el principio lo que tenía delante. El animal quería marcharse, y el valenciano encontró la solución en no quitarle la muleta de la cara, obligándolo a seguir el engaño. Toreó con firmeza y profundidad por las dos manos, con especial importancia por el pitón izquierdo, donde dejó algunos de los mejores momentos de la tarde. La faena fue creciendo hasta terminar de la mejor manera, Navalón se lanzó a matar y propició un auténtico estoconazo. Las dos orejas parecían el premio natural a lo realizado y el público quiso ir todavía más allá, solicitando con fuerza el rabo, que finalmente fue concedido.
Quizá el rabo pueda parecer excesivo atendiendo únicamente a la calidad del toro, pero la emoción de la faena y, sobre todo, lo que Navalón fue capaz de transmitir a los tendidos explican una concesión que convirtió el final de la tarde en una auténtica celebración.

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