La cuarta cita del abono de la Feria de Nuestra Señora de la Salud de Córdoba dejó una entretenida tarde de rejones. Sebastián Fernández destacó al cortar una oreja a cada uno de sus toros, mientras que Lea Vicens obtuvo un trofeo y Guillermo Hermoso de Mendoza mostró un rejoneo de corte clásico y elegante.
Sergio Galán fue el encargado de abrir la tarde, dejando muestras de su clasicismo y de su gran dominio del rejoneo ante un toro con mucha movilidad de salida. Desde los primeros compases supo templar las embestidas del animal, al que sujetó con maestría antes de clavar dos rejones de castigo. En banderillas se mostró muy seguro y preciso, ajustando los embroques y llevando la embestida muy pegada a la grupa en cada salida de la suerte. Brilló especialmente con ‘
Óleo’, con el que protagonizó un espectacular carrusel de rosas muy celebrado por el público, antes de culminar su labor con un buen rejón de muerte al segundo intento.
En el cuarto de la tarde volvió a demostrar la pureza de su concepto del toreo a caballo en una actuación muy clásica. El toro, escaso de fuerza y con tendencia a pararse, obligó a Galán a ponerlo prácticamente todo sobre el ruedo. Destacó el tercio de banderillas junto a ‘Capricho’, realizando las suertes a dos pistas con gran elegancia y ajuste. Más tarde, montando a ‘Alcotán’, consiguió mejorar notablemente la condición del astado, llevándolo muy templado y logrando meterlo en la faena. La intensidad de la actuación fue creciendo especialmente en el tramo final con las rosas. Cerró su labor con un buen rejón de muerte y escuchó una fuerte ovación tras petición de oreja.
Lea Vicens hizo gala de su experiencia y capacidad técnica en el segundo de la tarde, un toro de Benítez Cubero más parado y con escasa transmisión. La rejoneadora intentó sacar mayor temperamento del animal desde el inicio con dos rejones de castigo, para después construir una labor basada en la precisión y el temple. Muy ajustada en cada encuentro, clavó con pureza y entrega pese a las complicaciones que presentaba el toro. El tramo final de la actuación ganó en emoción y cercanía, especialmente junto a ‘Espontáneo’, con el que dejó un medio rejón de muerte que puso el broche a una faena de firmeza y oficio. En el quinto volvió a demostrar su capacidad ante otro toro descastado de Benítez Cubero. Lo recibió montando a ‘Guitarra’ y, tras dos rejones de castigo, logró despertar algo las embestidas del animal. Firmó un buen tercio de banderillas con ‘Bético’, aunque el toro terminó viniéndose abajo y quedándose muy parado. Más tarde, con ‘Aladín’, dejó banderillas de mérito y mucha exposición ante la escasa colaboración del astado. El momento más vibrante llegó en el tramo final con ‘Greco’ y las banderillas cortas, pese a que el toro apenas ofrecía opciones. Para cerrar la actuación volvió a sacar a ‘Espontáneo’, con el que estuvo acertada con el rejón de muerte.
Sebastián Fernández fue el encargado de cortar la primera oreja de la tarde tras una actuación de gran mérito frente al tercer toro, un animal que se orientó muy pronto y presentó dificultades durante toda la lidia. El rejoneador granadino recibió al astado con la garrocha en la mano derecha y montando a ‘Seda Gris’, dejando de salida una imagen muy vistosa y espectacular. A partir de ahí, supo resolver con inteligencia cada complicación del toro, midiéndole perfectamente las distancias y terminando por imponerse gracias a su firmeza, seguridad y capacidad. Pese a las dificultades del animal, clavó con solvencia y rubricó su labor con un rejón de muerte eficaz. Sebastián Fernández cerró la tarde ante el sexto de la función, al que recibió sobre ‘Lince’. Dos rejones de castigo bastaron para templar las embestidas del toro de Benítez Cubero. El tercio de banderillas alcanzó gran emoción con ‘Pan de Oro’, llevando al animal muy templado a dos pistas y clavando siempre en lo alto, destacando además por su valentía en las batidas a pitón contrario. Más tarde, con ‘Judío’, protagonizó momentos muy intensos gracias a la gran doma del caballo frente a un toro nada sencillo. La faena ganó fuerza con las piruetas y cabriolas, conectando de lleno con el público, que respondió entregado a los alardes del jinete. También dejaron huella los pares al violín con ‘California’, muy comprometidos y emocionantes, provocando siempre la embestida del astado. En el tramo final, montando a ‘Junco’, dejó un pinchazo hondo antes de concluir su actuación.