Roca Rey mata al último sin muleta y corta una oreja a cada oponente de su lote en Bilbao

Javier Holgado
Redactor

Ficha del Festejo
PlazaVista Alegre
GanaderíaVictoriano del Rio
FestejoEl encierro de Victoriano del Río resultó desigual y condicionado por la falta de fuerzas. El primero fue noble pero descoordinado y de poca entrega, con mejores condiciones por el pitón izquierdo; el segundo mostró calidad, aunque muy justo de poder, corto de recorrido y con escasa transmisión; el tercero fue el de mejores condiciones, con calidad e intención, aunque terminó viniéndose a menos por la exigencia; el cuarto tuvo clase y entrega, pero perdió las manos en repetidas ocasiones; el quinto fue el más deslucido, muy falto de fuerzas y sin capacidad para sostener la faena; y el sexto fue manso, buscador de las tablas y con querencia, aunque aportó emoción en los últimos tercios.
Lleno de ‘No hay billetes’.
Incidencias: Agustín de Espartinas y Paquito Algaba se desmonteraron tras banderillear al sexto
Diego Urdiales
ovación y ovación tras aviso
Alejandro Talavante
silencio y silencio
Roca Rey
oreja con petición de la segunda y oreja
Primer toro: ‘Soleares’, nº 192, negro mulato listón, 584 kilos — Diego Urdiales: ovación.
Serio, armónico y amplio de sienes, el primero tuvo presencia y expresión. Salió con algunos aplausos, aunque mostró cierta falta de coordinación en sus movimientos. Tuvo buen embroque, pero los malos apoyos le impidieron desplazarse con claridad en el capote de Diego Urdiales, que se estiró a la verónica junto a las tablas. El viento volvió a ser protagonista y el toro tampoco anduvo sobrado de fuerzas. En los dos encuentros con el caballo echó la cara arriba, sin terminar de entregarse. Talavante intervino por delantales y Urdiales brindó la faena a Enrique Ponce.
Con la muleta, el toro mostró nobleza, aunque embistió recto, apoyándose demasiado en las manos y con escasa entrega. Urdiales comenzó por el pitón derecho, pero encontró mejores condiciones al natural, donde el animal ofreció mayor recorrido y profundidad, aunque el viento complicó el toreo. El riojano dejó una notable serie por la izquierda, larga y de mano baja, aunque tuvo que administrarlo de uno en uno porque a partir del tercer muletazo el toro se descomponía. El esfuerzo terminó pasando factura al astado, que fue perdiendo fuelle. Urdiales dejó pasajes sueltos de gran estética y empaque, pero sin continuidad. Mató de estocada contraria al primer intento. Se pidió la oreja de forma minoritaria y finalmente recibió una ovación.
Segundo toro: ‘Alabardero’, nº 90, castaño bragado corrido girón gargantillo, 591 kilos — Alejandro Talavante: silencio.
Más alto y con mayor caja y hueso que el anterior, el segundo se mostró entregado en el capote de Alejandro Talavante, aunque pronto dejó patente su falta de fortaleza. Su estructura dificultaba la humillación y perdió las manos en varias ocasiones. El viento siguió condicionando la lidia y comenzaron a caer algunas gotas. El público protestó con fuerza la debilidad del animal, aunque la presidencia mantuvo el toro en el ruedo.
Talavante encontró un animal de notable calidad, pero limitado de poder y transmisión. Embestía sobre las manos y con un recorrido corto, obligando al extremeño a emplear los vuelos de la muleta y a construir los muletazos de manera aislada. Lo más destacado llegó al natural, aunque el toro se afligió cuando fue exigido en la línea curva. Por la derecha, la colocación de la muleta permitió conseguir algo más de ligazón pese a las dificultades del viento. El pitón izquierdo ofreció las mejores posibilidades, con varios naturales de exquisito trazo y pulso, aunque sin continuidad. Pinchó en el primer intento y acertó a la segunda, dejando el acero algo suelto pero suficiente. Silencio.
Tercer toro: ‘Esperon’, nº 175, castaño chorreado bragado corrido girón gargantillo, 533 kilos — Roca Rey: una oreja.
Ofensivo por delante, serio y bien colocado de pitones, el tercero fue algo más corto de manos. El fuerte viento dificultó desde el principio el lucimiento con el capote. El toro salió con buena intención, aunque justo de fuerzas, y se dejó pegar en el capote, recargando especialmente por el pitón izquierdo. Se midió el castigo en varas. Roca Rey protagonizó un quite por saltilleras que levantó al público y brindó posteriormente al respetable.
Con la muleta, la aparición del sol elevó el ambiente, aunque el viento continuó molestando. Roca Rey comenzó con estatuarios y rápidamente impuso su ley por el pitón derecho, con una primera serie poderosa, de mano baja y gran exigencia, llevando incluso parte de la muleta por la arena. El toro de Victoriano del Río mostró buenas condiciones, pero terminó acusando la exigencia de las primeras tandas y fue viniéndose abajo. Al natural, el viento hizo muy complicados los embroques. El peruano volvió a tirar de inteligencia y se cambió el toro por la espalda para mantener la intensidad de la faena. Regresó a la diestra para ejecutar una serie circular en la que no terminó de soltar la embestida. Los pases de pecho, largos y rematados arriba, dieron continuidad a la obra. Cerró en las cercanías de los pitones, con desplante incluido sin muleta, poniendo la plaza en pie. Una actuación de gran intensidad de Roca Rey en Bilbao.
Cuarto toro: ‘Pudoroso’, nº 45, negro listón, 557 kilos — Diego Urdiales: ovación.
Muy diferente de hechuras fue el cuarto, de cuerpo fino y escaso de carnes, estrecho de cuartos traseros, aunque con mucho perfil. Astifino, estrecho de sienes y con una notable vuelta de pitón, estuvo condicionado desde el inicio por el viento y la falta de fortaleza. Urdiales intentó estirarse a la verónica, pero el toro no terminó de sostenerse.
La faena de muleta comenzó entre las protestas del público después de que el animal volviera a perder las manos en varias ocasiones. Urdiales pidió tiempo y optó por la paciencia para ir asentando una embestida que, pese a todo, tenía clase y cierta entrega. Cada pérdida de manos, sin embargo, hacía retroceder lo construido. El riojano permaneció mucho tiempo delante del toro, dejando algunos muletazos de enorme trazo y empaque, especialmente varios naturales de recorrido curvo. La falta de continuidad hizo que la faena tuviera que construirse prácticamente muletazo a muletazo. Sonó un aviso antes de entrar a matar y Urdiales dejó una gran estocada. Ovación.
Quinto toro: ‘Amante’, nº 173, negro, 534 kilos — Alejandro Talavante: silencio.
Serio y con mayor anchura de sienes, aunque corto de manos, el quinto salió con buenas hechuras. Empujó en el caballo y recibió un castigo fuerte, quedando prácticamente vacío de fuerzas tras el encuentro bajo el peto.
Alejandro Talavante intentó someterlo y bajarle la mano, pero el toro había perdido demasiado pronto la capacidad de embestir. Sin opciones de construir una faena con continuidad, el extremeño optó por abreviar. Lo pasaportó de una estocada algo desprendida en el primer intento. Silencio.
Sexto toro: ‘Alcalde’, nº 21, castaño, 538 kilos — Roca Rey: oreja.
Muy ofensivo por delante, amplio de sienes, cuesta arriba y alto, el sexto cerró la corrida con una imponente presencia. Roca Rey lo recibió sin poder lucirse, después de que el animal echara las manos por delante. Tomó el primer puyazo en el caballo que guardaba la puerta y manseó en el segundo encuentro. El tercio de banderillas tuvo emoción, con el toro apretando hacia las tablas, y se desmonteraron Agustín de Espartinas y Paquito Algaba. Roca Rey brindó al público.
El peruano puso la plaza en pie desde el inicio de rodillas, cambiándose al toro por la espalda en varias ocasiones. El animal mostró condición de manso y buscó rápidamente la querencia de las tablas después de una serie de mano baja. Roca Rey volvió a demostrar su capacidad de adaptación y aprovechó la querencia del astado para desarrollar allí la faena, cambiándose al toro por la espalda y siempre muy próximo a las tablas. En el momento de matar arrojó la muleta y se lanzó sobre el toro. Dejó una estocada y necesitó después un golpe de descabello. La emoción de los últimos compases hizo rugir a los tendidos y cortó una oreja.


