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Quince años sin Antoñete, el torero que convirtió Madrid en su casa

Este 22 de octubre se cumplen quince años del fallecimiento de Antonio Chenel ‘Antoñete’, una de las grandes figuras vinculadas a la historia reciente de la Plaza de Toros de Las Ventas y uno de los toreros que mayor huella dejaron entre varias generaciones de aficionados.

Manuel Cobaleda

Manuel Cobaleda

Redactor

22 de Octubre de 2026
Quince años sin Antoñete, el torero que convirtió Madrid en su casa
AntoñeteFoto: Facebook: Copa Chenel
Nacido en Madrid el 24 de junio de 1934, Chenel creció prácticamente unido al coso venteño. Su padre ejercía como monosabio en la plaza y su cuñado, Paco Parejo, era mayoral de Las Ventas. Tras superar las sesenta novilladas y cosechar importantes triunfos, tomó la alternativa el 8 de marzo de 1952 en Castellón, de manos de Julio Aparicio. Poco después confirmó en Madrid, con Rafael Ortega como padrino, y durante aquella primera Feria de San Isidro protagonizó uno de sus primeros grandes momentos en la capital al cortar tres orejas a una corrida de Bohórquez.

Su carrera mantuvo una evolución ascendente hasta finales de los años cincuenta, aunque posteriormente comenzó a reducir su número de actuaciones. En 1964 únicamente toreó una vez y llegó incluso a plantearse convertirse en banderillero. Sin embargo, su cuñado Paco Parejo volvió a anunciarlo en Madrid el 8 de agosto de 1965, una decisión que cambiaría nuevamente el rumbo de su trayectoria. Chenel respondió con un importante triunfo al cortar dos orejas a un toro de Félix Cameno, de encaste Murube.

Un año después protagonizó uno de los episodios más recordados de su carrera. El 15 de mayo de 1966, frente al toro ‘Atrevido’ de Osborne, un ejemplar ensabanado, Antoñete mostró en Las Ventas las bases de una tauromaquia basada en el dominio de las distancias, el pecho por delante y la pierna adelantada. Aunque no consiguió rematar aquella actuación con la espada, su faena quedó grabada en la memoria de los aficionados.

Aquella temporada todavía le depararía otro gran triunfo en la capital. En la Corrida de la Prensa cortó cuatro orejas y abandonó la plaza a hombros junto a Curro Romero. Las lesiones óseas, sin embargo, condicionaron de manera constante su carrera y dificultaron la continuidad de sus actuaciones. El 7 de septiembre de 1975, tras estoquear seis toros en solitario en Las Ventas, su propio cuñado le cortó la coleta. Chenel se despidió con una oreja.

Su historia con los ruedos no había terminado. Después de participar en un festival en Margarita (Venezuela), decidió regresar y reapareció el 12 de abril de 1981 en Marbella. Comenzaría entonces la etapa más brillante y reconocida de su carrera. Antoñete recuperó una forma de entender el toreo basada en la pureza y el clasicismo, un concepto capaz de conectar tanto con los aficionados más exigentes como con quienes se acercaban ocasionalmente a la plaza.

Durante aquellos años dejó actuaciones de especial relevancia. En Madrid destacó su faena al toro ‘Danzarín’ de Garzón, el 3 de junio de 1982, y la realizada ante ‘Cantinero’, también de Garzón, el 7 de junio de 1985. Ese mismo año, el 22 de abril, cuajó una destacada actuación en La Maestranza de Sevilla ante un toro de Carlos Núñez.

Después de vivir en primera persona la muerte de Yiyo en la fatídica tarde de Colmenar Viejo, Antoñete volvió a anunciar su retirada. Fue en Las Ventas, el 30 de septiembre, tras enfrentarse mano a mano con Curro Vázquez a una corrida de Belén Ordóñez.

El torero madrileño todavía tendría nuevos capítulos profesionales. El 18 de abril de 1987, en Hellín (Albacete), regresó para conceder la alternativa a Marcos Valverde. En esta nueva etapa sobresalió especialmente la oreja que cortó en Madrid el 3 de julio de 1988 al toro ‘Siestecita’ de Torrestrella. Posteriormente volvió a retirarse en Bilbao, durante la Aste Nagusia, después de lidiar una corrida de Dionisio Rodríguez.

Ya convertido en una reconocida voz de la televisión taurina, Antoñete volvió a ponerse el traje de luces de manera puntual a partir de 1998. Incluso en esta última etapa dejó actuaciones para el recuerdo, especialmente en Las Ventas, donde participó en una corrida homenaje a su afición y consiguió salir a hombros por última vez de la Monumental madrileña. También destacó su actuación en la Feria de San Lucas de Jaén de 1999.

Su última comparecencia tuvo lugar en Burgos, el 1 de julio de 2001. Durante el festejo sufrió una insuficiencia cardiorrespiratoria aguda que le impidió continuar la lidia. Ese mismo año recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, después de haber sido distinguido en 1992 con la Medalla de Oro de la Comunidad de Madrid.

Antoñete falleció en Madrid el 22 de octubre de 2011, dejando tras de sí una trayectoria que trascendió los resultados y los números. Fue una referencia para numerosos toreros y aficionados, especialmente durante aquella década de los ochenta en la que su concepto clásico volvió a conquistar a la plaza de Madrid.

Su vínculo con Las Ventas queda reflejado también en las cifras: actuó tres veces como novillero y 76 como matador, cortó 31 orejas y consiguió salir en seis ocasiones por la Puerta Grande. Quince años después de su muerte, su figura continúa formando parte de la memoria taurina de Madrid.

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