La generación de los hermanos Pepe y Antonio Bienvenida, hijos del Papa Negro, enalteció la tauromaquia del dominio técnico, el arte y la pureza estética
Tal día como hoy, de 1931, Pepe Bienvenida tomaba la alternativa en la Monumental de Las Ventas. La fecha quedaría marcada para el recuerdo de la tauromaquia. Tanto que, años después, su nombre volvería a sonar con autoridad en Madrid al compartir el protagonismo de un episodio de los más recordados de la familia Bienvenida.
Hoy es la Maestranza sevillana -como dice el pasodoble- la plaza que se encarga de hacerlo, pero el 5 de abril de 1942 Madrid acogía una corrida de Domingo de Resurrección en la que tomaría alternativa una de las figuras del toreo. Seis toros de Miura para Antonio Bienvenida, anunciaba el cartel, con su hermano Pepe como testigo.
Sin embargo, antes del festejo varios toros resultaron lesionados durante su estancia en los corrales y fueron rechazados por los veterinarios. La empresa decidió sustituirlos por reses de otra divisa para poder celebrar la corrida. Los hermanos Bienvenida se negaron a aceptar esa solución.
No tenían intención de evitar los toros de Miura, como se dijo después. Al contrario, consideraban que la alternativa de Antonio debía celebrarse con una corrida completa de la ganadería prometida, tal y como se había anunciado al público, y entendían que modificar el encierro desvirtuaba el compromiso que habían adquirido con el público.
La negativa provocó un enfrentamiento con la empresa y con la autoridad gubernativa. Al persistir en su decisión de no actuar en esas condiciones, los hermanos fueron detenidos e ingresados en la prisión madrileña de Porlier, donde permanecieron varios días hasta que se celebró el festejo el 9 de abril de 1942 con la ganadería prometida.
Pepe Bienvenida ejerció entonces como padrino de la alternativa de Antonio, poniendo fin a un episodio que ha pasado a la historia del toreo como una muestra del carácter y firmeza con la que ambos defendieron el cumplimiento del cartel anunciado al respetable.
Once años después de haber tomado él mismo la alternativa en Madrid, el mayor de los hermanos Bienvenida volvía a escribir historia de Las Ventas. La primera había marcado el comienzo de su carrera como matador; la segunda, compartida con su hermano Antonio, convirtió a ambos en protagonistas de uno de los episodios más recordados de la tauromaquia.