El torero burgalés sufrió una fuerte voltereta durante la faena al cuarto toro de Victorino Martín en la plaza de Acho, en Lima. Pese al golpe en las costillas, continuó toreando hasta finalizar la lidia y pasó por su propio pie a la enfermería para ser examinado.
Morenito de Aranda vivió una tarde de contrastes en la
plaza de Acho, en Lima. El diestro burgalés protagonizó una
importante actuación ante el cuarto toro de Victorino Martín, pero una fuerte voltereta durante la faena de muleta acabó marcando su paso por el ruedo peruano.
El torero sufrió una fuerte contusión en las costillas tras el percance y tuvo que ser examinado en la enfermería de la plaza. A pesar del golpe, decidió continuar con la lidia y completar su actuación, demostrando una notable capacidad de entrega en una faena que había alcanzado momentos de gran calidad.
El cuarto ejemplar de Victorino Martín mostró buenas condiciones desde su salida, lo que permitió a Morenito de Aranda estirarse con el capote y dibujar varias verónicas de buen trazo. El tercio de varas también tuvo su protagonismo gracias a la destacada actuación de Christian Quiroz, "Cahuantico", que fue ovacionado por el público.
Ya con la muleta, el torero burgalés se llevó al animal a los medios y comenzó a construir una faena basada en el temple, el ajuste y la precisión en las distancias. Morenito administró los tiempos con inteligencia, bajó la mano y consiguió pasajes de profundidad y calidad por ambos pitones, aprovechando las posibilidades que ofrecía el astado.
Sin embargo, cuando la faena atravesaba uno de sus momentos más destacados, el toro lo volteó con fuerza, provocándole una contusión en la zona costal. El percance añadió dramatismo a una actuación en la que el diestro había logrado conectar con las condiciones del animal y mostrar su concepto del toreo.
Lejos de abandonar la lidia, Morenito de Aranda volvió a ponerse delante del toro y continuó hasta concluir la faena. No obstante, la suerte suprema se convirtió en un obstáculo insalvable para rubricar su actuación. Varios pinchazos y la necesidad de utilizar el descabello en una segunda ocasión hicieron que se esfumaran las opciones de obtener trofeos.
Tras escuchar un aviso, su labor fue silenciada por el público. Una vez finalizada la lidia, el torero se dirigió por su propio pie a la enfermería para que los médicos valoraran el alcance de la contusión en las costillas.
La actuación dejó, por tanto, una doble lectura: por un lado, el buen nivel artístico mostrado ante un toro que permitió el lucimiento; por otro, la preocupación por el golpe sufrido y la falta de recompensa final debido a los fallos con los aceros. La valoración médica será determinante para conocer la evolución del torero tras el percance.