La quinta carrera de los Sanfermines 2026, protagonizada por la ganadería abulense de José Escolar, se completó en solo 2 minutos y 36 segundos. La lluvia, la elevada participación y varias caídas marcaron una carrera de alto riesgo que dejó numerosos heridos, entre ellos un corredor con una cornada en el rostro.
El
quinto encierro de los Sanfermines 2026, celebrado este
sábado 11 de julio, dejó una carrera vibrante y de alta tensión con los toros de la
ganadería de José Escolar. Miles de corredores abarrotaron el recorrido, favorecidos por ser fin de semana, mientras que el pavimento húmedo debido a la lluvia caída antes del inicio añadió un plus de peligro en varios tramos.
La manada salió agrupada desde los corrales de Santo Domingo y mantuvo un ritmo muy veloz durante buena parte del recorrido. Aunque los toros comenzaron corriendo compactos, llegaron más estirados a la plaza de toros, lo que provocó momentos de incertidumbre entre los mozos, especialmente en la calle Estafeta y en el Callejón, donde se registraron numerosas caídas y situaciones de gran tensión.
El encierro concluyó en 2 minutos y 36 segundos, uno de los tiempos más rápidos de la presente edición y seis segundos menos que el registrado por esta misma ganadería el año pasado. A pesar de la espectacularidad de la carrera y de los múltiples resbalones y montoneras provocados por la gran afluencia de participantes, los toros no protagonizaron paradas ni derrotes prolongados, permitiendo que la carrera terminara sin incidentes de extrema gravedad.
El balance sanitario provisional confirmó la dureza del encierro. Nueve corredores tuvieron que ser trasladados al Hospital Universitario de Navarra y otras cuatro personas fueron atendidas en la enfermería de la plaza de toros. Entre los heridos destacó un corredor que sufrió una cornada en el rostro en el tramo de Mercaderes, además de otro con una herida por asta no penetrante en la zona de Telefónica. El resto de las asistencias correspondieron principalmente a traumatismos, contusiones y golpes derivados de las numerosas caídas registradas durante la carrera.
Los astados de José Escolar, conocidos por su seriedad y exigencia, volvieron a demostrar su velocidad y capacidad para mantener la emoción hasta el último metro. La rapidez de la manada, unida a la lluvia, el pavimento resbaladizo y la elevada participación propia del fin de semana, convirtió este quinto encierro en uno de los más intensos y exigentes de las fiestas, dejando imágenes de gran espectacularidad y recordando, una vez más, el respeto que inspira esta ganadería entre los aficionados.