Crónicas

José Tomás: el torero que convirtió el miedo en silencio

Cada 20 de agosto se recuerda el nacimiento de José Tomás Román Martín, uno de los toreros más singulares y controvertidos de las últimas décadas. Nacido en Galapagar (Madrid) en 1975. Construyó una trayectoria marcada por la valentía, la quietud ante el toro, las grandes faenas y también por graves cornadas. Su manera de entender el toreo lo convirtió en una figura de culto dentro de la tauromaquia.

Ana Teresa Ramos

Ana Teresa Ramos

Redactor

20 de Agosto de 2026
José Tomás: el torero que convirtió el miedo en silencio
Foto: El País
Una vida entre el valor y el riesgo.
El 20 de agosto de 1975, en Galapagar (Madrid), nacía José Tomás Román Martín, un niño que con los años terminaría convirtiéndose en uno de los nombres más reconocibles del toreo contemporáneo. Desde pequeño estuvo ligado a la tauromaquia. Su abuelo Celestino fue quien despertó en él la afición y lo llevaba a Las Ventas, donde comenzó a familiarizarse con el ambiente de las plazas y con la figura del torero.

Su carrera comenzó muy pronto. Tras sus primeros pasos como novillero, encontró en México un escenario fundamental para su formación. Allí llegó a torear numerosas novilladas antes de regresar a España convertido en una de las grandes promesas de su generación. En septiembre de 1995 se presentó como novillero en Las Ventas y salió a hombros después de cortar dos orejas, una actuación que empezó a colocar su nombre entre los jóvenes toreros a seguir.

Pero el momento decisivo llegó el 10 de diciembre de 1995, en la Monumental Plaza México. José Tomás recibió la alternativa de manos de Jorge Gutiérrez, con Manolo Mejía como testigo. El toro del doctorado se llamó Mariachi, perteneciente a la ganadería de Xajay. Aquella tarde dio una vuelta al ruedo y, en su segundo toro, sufrió una cornada en el escroto. El episodio anticipaba una constante que acompañaría su carrera: la capacidad de permanecer frente al peligro aun cuando el toro estaba a escasos centímetros de su cuerpo.

Meses después, el 14 de mayo de 1996, confirmó su alternativa en Madrid. Lo hizo en Las Ventas, con José Ortega Cano como padrino y Jesulín de Ubrique como testigo. La decisión de presentarse en Madrid suponía un enorme desafío para un torero todavía joven, pero José Tomás aceptó el riesgo y terminó cortando una oreja.

A partir de entonces, su nombre comenzó a crecer con fuerza. Su estilo se alejaba de la búsqueda constante del espectáculo: José Tomás destacaba por la quietud, la cercanía con los pitones y la profundidad de sus muletazos. Permanecía prácticamente inmóvil mientras el toro pasaba junto a su cuerpo, creando una sensación de peligro que hacía contener la respiración a los tendidos.

Las grandes tardes llegaron acompañadas de grandes percances. Su carrera estuvo marcada por numerosas cornadas, algunas de enorme gravedad. Esa relación permanente con el riesgo contribuyó a construir una imagen casi legendaria alrededor de su figura: la de un torero dispuesto a asumir las consecuencias de llevar su concepto hasta el límite.

En 2002 anunció su retirada temporal de los ruedos. Sin embargo, el silencio no significó el final. En 2007 regresó a la plaza Monumental de Barcelona y protagonizó una de sus reapariciones más recordadas, cortando tres orejas y saliendo a hombros. Desde entonces, sus apariciones se hicieron cada vez más selectivas y cada corrida adquirió un carácter excepcional.

José Tomás construyó así una trayectoria diferente a la de muchas figuras del toreo. Su hermetismo, sus escasas apariciones públicas y su decisión de hablar principalmente dentro del ruedo aumentaron todavía más el misterio que lo rodea.

Hoy, al recordar su nacimiento, la efeméride no solo señala una fecha en el calendario. También recuerda el surgimiento de un torero que hizo de la quietud frente al peligro, la pureza y el valor una forma de expresión. José Tomás no necesitó estar siempre presente para permanecer en la memoria: bastaron sus tardes más arriesgadas, sus silencios y aquellos instantes en los que, frente al toro, parecía que el tiempo también se detenía.
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