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Hace cuatro años, José Tomás volvió a convulsionar Alicante

El 7 de agosto de 2022, el torero de Galapagar se encerró con cuatro toros, cortó tres orejas, sufrió una espectacular voltereta y salió a hombros por la Puerta Grande

Eduardo Elvira

Eduardo Elvira

Director

6 de Agosto de 2026
Hace cuatro años, José Tomás volvió a convulsionar Alicante
Foto: MundoToro
Tal día como hoy, 7 de agosto, pero de 2022, Alicante vivió una de esas tardes que quedan grabadas en la memoria de cualquier aficionado. José Tomás regresaba a la plaza de toros de Alicante seis años después de su última comparecencia y lo hacía en solitario, frente a cuatro toros de distintas ganaderías.

No era una tarde más. Desde mucho antes del paseíllo, la ciudad se había convertido en punto de peregrinación para miles de aficionados. Las localidades se agotaron con una rapidez extraordinaria y el coso alicantino registró un lleno absoluto de «No hay billetes», con alrededor de 11.500 espectadores. La expectación trascendía lo puramente taurino y Alicante se volcó alrededor de una figura que, cada vez que aparecía anunciada, convertía su presencia en acontecimiento. 

José Tomás llegaba, además, después de una tarde en Jaén el 12 de junio que había generado dudas entre sus seguidores. Alicante se presentaba como una oportunidad para recuperar aquella versión del torero que tantas veces había provocado la comunión absoluta entre él y los tendidos.

Y la respuesta llegó desde el primer toro.

La corrida estaba compuesta por Juan Pedro Domecq, Garcigrande, Victoriano del Río y Domingo Hernández, por ese orden. Un encierro de juego desigual, con un segundo toro especialmente destacado y un tercero exigente. 

El primero, de Juan Pedro Domecq, fue noble pero limitado de fuerzas. José Tomás comenzó a construir su tarde con el capote, toreando a la verónica y por chicuelinas antes de brindar al público. Con la muleta mostró la habitual pureza y el ajuste de su toreo, aunque las condiciones del animal no permitieron que la faena alcanzara mayores cotas. Una estocada trasera provocó una fuerte petición de oreja que el palco no atendió. La recompensa fue una ovación.

Pero lo que sucedería con el segundo cambió completamente el rumbo de la tarde.

El Garcigrande no parecía inicialmente el toro destinado a protagonizar una de las faenas más recordadas de aquella encerrona. Protestado por algunos aficionados por su falta de fuerza, pasó por el caballo y llegó a la muleta con ciertas dificultades. José Tomás, sin embargo, vio posibilidades donde otros podían ver obstáculos.

Se fue al centro del ruedo para comenzar con estatuarios y rápidamente tomó la izquierda. Allí apareció el José Tomás más reconocible: muleta baja, enorme quietud, naturales largos y una manera de cargar la suerte que convirtió cada serie en un acontecimiento.

Las tandas por el pitón izquierdo fueron el núcleo de una faena de enorme intensidad. El torero llegó a ligar series de numerosos naturales, jugando únicamente con las muñecas para conseguir que el toro se desplazara y mantuviera la embestida. La faena fue creciendo hasta alcanzar uno de los momentos cumbre de la tarde.

Después llegó la estocada y, con ella, las dos orejas.

Aquel segundo toro, de Garcigrande, terminó siendo ovacionado en el arrastre. La plaza ya estaba completamente entregada. 

El tercero perteneció a Victoriano del Río. Un toro serio y exigente, que se dejó picar y que no regaló sus embestidas. José Tomás volvió a ponerse en el sitio donde siempre ha construido buena parte de su leyenda.

Y allí llegó uno de los momentos más impresionantes de la tarde.

Cuando toreaba con la mano derecha, el toro frenó y José Tomás sufrió una espectacular voltereta. El torero cayó violentamente y durante unos instantes el público quedó sobrecogido. Sin embargo, se levantó y regresó inmediatamente a la cara del toro.

No hubo concesiones.

José Tomás volvió a cruzarse, volvió a torear y volvió a asumir el riesgo. La faena alcanzó todavía mayor emoción por la cercanía y la entrega. Terminó con unas manoletinas muy ceñidas antes de entrar a matar y cortar una oreja. 

La tarde llegaba al cuarto y último toro, un Domingo Hernández de nombre Extremeño. Era un animal con menos recorrido y que fue perdiendo fuerza y entrega durante la faena. José Tomás intentó extraer todo lo que tenía, toreando con suavidad por ambos pitones y buscando hasta el último resquicio.

La espada, esta vez, no acompañó. Tras varios intentos, el torero recibió una ovación tras aviso.

Pero ya estaba hecho.

José Tomás había cortado tres orejas y había protagonizado una de esas tardes en las que su figura vuelve a adquirir una dimensión que trasciende el resultado numérico.

Ovación, dos orejas, oreja y ovación tras aviso.

Y después, la imagen que resume aquella tarde: José Tomás saliendo a hombros por la Puerta Grande de Alicante, entre los vítores de una plaza completamente entregada. 

La repercusión de aquella tarde fue mucho más allá de la plaza. Alicante había convertido la presencia de José Tomás en un acontecimiento de ciudad. El Ayuntamiento cifró posteriormente en 4,85 millones de euros el impacto económico generado por la corrida y señaló que más de 6.000 personas procedentes de fuera de la provincia viajaron expresamente para asistir al festejo. 

El acontecimiento se extendió incluso alrededor de la propia plaza con «Tendido Único», una propuesta que aunó tauromaquia, gastronomía, arte y ocio durante aquel fin de semana. 

Pero cuatro años después, más allá de las cifras y del impacto que produjo aquella tarde, permanece lo verdaderamente importante: el toreo.

Permanece el segundo toro de Garcigrande y aquellos naturales interminables. Permanece la quietud ante el tercero de Victoriano del Río. Permanece la voltereta, el silencio posterior y la decisión de volver a colocarse delante del toro. Y permanece, sobre todo, aquella Puerta Grande.

Porque Alicante fue, aquel 7 de agosto de 2022, una nueva demostración de lo que significaba José Tomás: un torero capaz de convertir una tarde de toros en un acontecimiento y de hacer que miles de personas volvieran a hablar de tauromaquia como algo extraordinario.

Hoy, cuatro años después, aquella tarde sigue formando parte de la memoria reciente del toreo.

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