La corrida de Victoriano del Río celebrada este domingo 16 de agosto en Cenicientos estuvo marcada por la escasez de fuerzas de los toros y la falta de fondo de la corrida. Joaquín Galdós fue el gran protagonista al cortar la única oreja de la tarde, mientras José Garrido y Álvaro Lorenzo se fueron de vacío.
Cenicientos (Madrid), vivió este
domingo 16 de agosto una
tarde de toros de contrastes con la corrida de Victoriano del Río. La expectación llenó los tendidos y el ambiente fue el propio de una de las citas señaladas del verano taurino madrileño. Sin embargo, sobre el ruedo, el encierro no terminó de ofrecer las condiciones necesarias para que la terna pudiera desarrollar todo su potencial.
La corrida estuvo condicionada desde los primeros compases por la falta de fuerzas y de fondo de los astados. Los toros mostraron dificultades para mantener la intensidad durante las faenas y, en líneas generales, faltó la continuidad que exige una tarde de máxima exigencia.
José Garrido se encontró con un lote de pocas posibilidades. El diestro trató de sacar partido de sus oponentes, buscando siempre la colocación y la ligazón, pero la escasa transmisión de los toros hizo que sus esfuerzos no terminaran de encontrar recompensa en los tendidos. Su balance final fue de silencio en ambos toros.
Tampoco tuvo demasiada fortuna Álvaro Lorenzo. El toledano dejó detalles de su concepto y mostró disposición ante un lote que tampoco terminó de colaborar. Recibió palmas en sus dos faenas.
La tarde encontró su principal argumento en Joaquín Galdós. El peruano supo sobreponerse a las circunstancias y aprovechó mejor las posibilidades que le ofreció su lote. Con técnica, serenidad y capacidad para entender las condiciones del toro, Galdós consiguió levantar la faena y conectar con el público.
Su actuación tuvo además el mérito de llegar en una corrida en la que no abundaron las facilidades. El torero buscó alargar las embestidas y mantener la intensidad de su labor hasta conseguir que su esfuerzo tuviera reflejo en los tendidos. La recompensa llegó con una oreja, único trofeo de la tarde.
El quinto toro tuvo que ser sustituido, saliendo en su lugar un ejemplar de Sobral, circunstancia que añadió otro elemento de interés a una corrida ya marcada por las dificultades.
Finalmente, una oreja para Joaquín Galdós fue el único trofeo de una tarde en la que los toros de Victoriano del Río no terminaron de responder a las expectativas. Cenicientos volvió a demostrar su enorme afición, con una plaza llena y un público que acompañó a los toreros durante toda la jornada.
Más allá del resultado numérico, la tarde dejó la sensación de que hubo que trabajar mucho para arrancar cada embestida y cada momento de lucimiento. Galdós fue quien mejor leyó la situación y quien consiguió convertir las dificultades en recompensa, salvando así una corrida que, en términos generales, quedó por debajo de lo esperado.