Crónicas

Fernando Adrián y Víctor Hernández, puerta grande en Cuenca

Javier Holgado

Javier Holgado

Redactor

25 de Agosto de 2026
Fernando Adrián y Víctor Hernández, puerta grande en Cuenca

Ficha del Festejo

PlazaCuenca
GanaderíaMontalvo
FestejoPlaza de toros de Cuenca, Castilla-La Mancha. Tercer festejo de la Feria de San Julián 2026. Dos tercios de entrada. Toros de Montalvo. Incidencias: El banderillero Marcos Prieto se desmonteró tras banderillear al quinto

Fernando Adrian

ovación y dos orejas

Victor Hernández

oreja y oreja con petición de la segunda

Marco Pérez

oreja con petición de la segunda y silencio

Sexto toro: Cerró plaza un toro de gran volumen, por encima de los 600 kilos, que terminó siendo el ejemplar con menos posibilidades del encierro. Marco Pérez buscó por todos los medios la oreja que le permitiera acompañar a sus compañeros a hombros, pero el astado ofreció muy poco. El joven torero insistió sin encontrar la recompensa pretendida. Pinchazo hondo en el segundo intento. Silencio.

Quinto toro: El quinto alcanzó los 652 kilos en la báscula. Colorado, alto y con mucho hueso, fue un toro muy cuajado, aunque algo acochinado. Mostró voluntad, pero su escasa fuerza dificultó que pudiera desarrollar toda su enorme estructura. Requirió una muleta precisa y mandona, condiciones que supo aplicar Víctor Hernández. El diestro de Santos de la Humosa inició la faena con estatuarios, antes de desarrollar una labor reposada y de muletazos bien reunidos, para posteriormente adentrarse en los terrenos de cercanías. Acertó con el primer uso de la espada y, pese a la negativa del presidente a concederle las dos orejas, terminó cortando la necesaria para conquistar la Puerta Grande.

Cuarto toro: El cuarto destacó por su ofensiva cabeza y sufrió un percance al rematar contra el burladero, quedando ligeramente tocado de los cuartos traseros. El ejemplar de Montalvo acusó en algunos momentos ese golpe, aunque consiguió sobreponerse y ofreció una embestida con humillación y entrega. Fernando Adrián toreó a la verónica con gusto y comenzó después la faena de rodillas en los medios, ejecutando pases cambiados por la espalda. El madrileño mantuvo su particular idilio con Cuenca mediante una actuación que combinó el toreo de mano baja con varias tandas de rodillas sobre la mano derecha. Una faena de gran nivel que el palco premió con las dos orejas después de un pinchazo, dentro de una tarde marcada por la disparidad de criterios presidenciales.

Tercer toro: El tercero salió serio y con buena expresión. El de Montalvo tuvo un buen embroque, aunque le faltó mayor transmisión en sus embestidas. Marco Pérez supo aprovechar sus mejores virtudes al natural durante la primera mitad de la faena. Posteriormente, el toro fue a menos y se afligió después de una tanda de derechazos de trazo circular. El salmantino estuvo contundente con la espada, dejando una estocada que por sí misma le hizo acreedor a una oreja. El público reclamó la segunda, pero el presidente volvió a mantener un criterio restrictivo y no concedió el segundo trofeo.

Segundo toro: Víctor Hernández recibió al segundo con dos largas cambiadas de rodillas. Fue un toro más ligero de carnes y cornidelantero, con movilidad durante los primeros tercios y buen ritmo posteriormente en la muleta. Durante las banderillas puso en dificultades a los subalternos e incluso volteó, sin consecuencias, a Diego Valladar. Tras un quite por saltilleras, Hernández inició su faena de rodillas en el centro del ruedo, con pases cambiados. La movilidad del astado permitió una actuación de notable conexión con los tendidos, especialmente durante las series al natural, de muleta baja y largo recorrido. Terminó por cercanías y ajustadas bernadinas, poniendo el broche a una faena de alto nivel. Sin embargo, falló con los aceros y perdió la posibilidad de abrir la Puerta Grande. Una media estocada defectuosa no impidió que el palco atendiera finalmente la petición de oreja.

Primer toro: El primero fue un toro muy acochinado, cuyo excesivo volumen terminó afeando sus hechuras y condicionando su fortaleza. El de Montalvo tuvo nobleza e intención, aunque se mostró limitado durante toda la lidia. Fernando Adrián consiguió sujetar sus embestidas mediante muletazos templados y de gran pulso, evitando exigirle en exceso y llevando los finales de los viajes a media altura. La faena fue ganando intensidad hasta alcanzar los terrenos de cercanías, conectando con el público. Tras una espada desprendida en el segundo intento y un aviso, la petición de trofeo se quedó cerca de alcanzar la mayoría necesaria. Ovación.

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