El eco de una noche de gloria y el abismo de la autocrítica: la verdad desnuda de Cristian Pérez
Tras conmocionar el albero de Las Ventas, el diestro albaceteño analiza su rotundo impacto en Madrid, el peaje de la espada y su inminente desembarco en Francia sin margen para el descanso.

Manolo Herrera
Redactor

Hay plazas que pesan y plazas que transforman. El pasado sábado, Madrid volvió a ser ese juez implacable y supremo que quita el sueño, pero que, a cambio, concede la inmortalidad en el recuerdo. Cristian Pérez se plantó en el corazón del toreo con la verdad por delante, dejando un impacto de los que resuenan con fuerza en los mentideros taurinos durante toda la temporada. Hoy, con los ecos de los olés aún flotando en la memoria y el alma templada por la resaca del triunfo, el matador asume el reto de nuestras tres preguntas en un ejercicio de absoluta madurez y sinceridad.
I. Las sensaciones en la cátedra del toreo
— Maestro, ¿cómo se encontró en Madrid? ¿Cuáles fueron sus sensaciones íntimas al pisar el albero más exigente del planeta?
— Bueno, Madrid fue una tarde importante, en la que viví un cúmulo de sensaciones muy bonitas. Me llevé sensaciones especiales que uno tiene solo cuando está en Madrid; eso, al final, se queda siempre en el recuerdo de los toreros. Fue una tarde-noche muy especial.
II. El inconformismo del héroe y el tributo de los aceros
— Si tuviera el poder de volver atrás en el tiempo, ¿qué cambiaría de aquella noche madrileña?
— Bueno, cambiar, no cambiaría nada, porque al final esa noche fue única gracias a todo lo que ocurrió. Pero está claro que uno siempre quiere mejorar muchas cosas. Me gustaría no haber pinchado al último toro y haber podido salir a hombros; corregir muchos defectos que me gustaría ir puliendo con el tiempo. Pero bueno, eso te lo da el torear, y seguro que vamos mejorando, evolucionando y creciendo tanto como torero como persona.
III. El presente como dogma y el horizonte francés
— Madrid ya es historia. La piedra está lanzada. Con los ojos fijos en el horizonte, ¿cuál es el futuro inmediato de Cristian Pérez?
— Pues sí, Madrid ya es pasado. Ahora hay que pensar en el presente, que es el día de hoy: entrenar, evolucionar mucho, crecer como torero y como persona, y pensar ya en la próxima tarde que tengo, que es en Ortez, Francia. Toca pensar en el día a día para que vayan saliendo las cosas. Al final, en esta profesión uno no se puede relajar, porque si te relajas o te despistas, las cosas, igual que vienen, se van.
Cristian Pérez no solo demostró en Las Ventas que posee las condiciones para asaltar el olimpo del toreo, sino que sus palabras reflejan la mentalidad de los elegidos: aquella donde el triunfo no anestesia el deseo de evolución. Francia ya espera el magnetismo de su muleta.


