David de Miranda y Ginés Marín fueron los grandes triunfadores de la corrida que cerró la Feria de San Miguel de Zafra. El diestro de Trigueros protagonizó una de las tardes más importantes de su temporada, con el indulto de ‘Postinero’, de Calejo Pires, tras una faena de gran intensidad, además de cortar otra oreja al sexto. Ginés Marín sumó dos orejas del quinto, mientras que Morante de la Puebla dejó buenos detalles y actitud frente a un lote que ofreció pocas opciones.
David de Miranda comenzó su gran tarde con el tercero, al que tuvo que encelar en el capote por su falta de fijeza. Tras brindar al público, inició la faena de rodillas con mucha intensidad, levantando a los tendidos. El de Trigueros fue construyendo poco a poco una labor de menos a más, basada en su poder y quietud. Después de un arrimón muy ajustado, el público comenzó a pedir el indulto, que finalmente fue concedido para ‘Postinero’.
También tuvo que trabajar mucho con el sexto para conseguir fijarlo en el capote. Con paciencia y técnica, David de Miranda fue sacando los muletazos hasta construir otra faena de mérito. Volvió a meterse entre los pitones para conectar con los tendidos y, tras un pinchazo y una estocada, paseó una oreja.
Ginés Marín recibió al segundo con buenas verónicas. El toro se empleó durante los primeros tercios y el extremeño comenzó la faena doblándose con él de manera torera. Después asentó su labor sobre la mano derecha, mostrando firmeza y dejando buenos detalles. El fallo con la espada, necesitando una tercera entrada, redujo el premio a una ovación.
El quinto salió muy desentendido de los capotes y complicó la lidia en los primeros compases, hasta que Víctor del Pozo protagonizó una buena actuación y se desmonteró. Ginés Marín afrontó la faena con actitud y consiguió aprovechar al toro, que terminó rajándose en los terrenos de toriles. El extremeño tiró de pundonor y, tras una estocada entera en la que se volcó sobre el toro, cortó las dos orejas.
Morante de la Puebla saludó a la verónica al primero de Calejo Pires, que llegó a derribar al caballo que guardaba puerta. El sevillano inició la faena con varios muletazos por bajo de buena factura, pero el toro se vino abajo muy pronto y condicionó el desarrollo de la faena. Morante dejó una estocada a la segunda y fue ovacionado.
El cuarto tampoco permitió el lucimiento de Morante con el capote. El de La Puebla intentó corregir las embestidas de un toro incierto y deslucido, al que le faltó poder. Estuvo acertado con la espada y recibió el reconocimiento de la afición.