Crónicas

David de Miranda enloquece La Malagueta con un gran toro de Juan Pedro Domecq

Alejandro López

Alejandro López

Redactor

17 de Agosto de 2026
David de Miranda enloquece La Malagueta con un gran toro de Juan Pedro Domecq

Ficha del Festejo

PlazaLa Malagueta
GanaderíaJuan Pedro Domecq
FestejoEl torero de Trigueros desoreja al sexto, el mejor ejemplar de la corrida, y abre la Puerta Grande de Málaga; Castella corta una oreja y Luque deja dos faenas de gran nivel que no pudo rubricar con la espada

Sebastián Castella

ovación y oreja.

Daniel Luque

silencio tras aviso y ovación tras aviso.

David de Miranda

ovación y dos orejas.

Málaga, 17 de agosto de 2026. La plaza de toros de La Malagueta volvió a vivir una tarde de grandes emociones en el quinto festejo de la feria conmemorativa de su 150 aniversario. El gran protagonista fue David de Miranda, que protagonizó una actuación de enorme dimensión ante el sexto toro de Juan Pedro Domecq, al que desorejó después de una faena de entrega absoluta que puso al público malagueño en pie.

El onubense volvió a demostrar su especial conexión con el coso malagueño y consiguió abrir la Puerta Grande tras cortar dos orejas. Sebastián Castella paseó una oreja del cuarto, mientras Daniel Luque dejó dos actuaciones de gran nivel, aunque los fallos con la espada le impidieron tocar pelo.

La corrida de Juan Pedro Domecq estuvo bien presentada en líneas generales, aunque ofreció un comportamiento desigual. El sexto fue claramente el gran toro de la tarde, acompañado por un cuarto que también permitió el lucimiento.

Abrió plaza Sebastián Castella, que recibió al primero con unas verónicas templadas y de gran gusto. El toro, serio, estrecho de sienes y armónico de hechuras, mostró clase, aunque también evidenció unas fuerzas algo justas.

Daniel Luque aprovechó para realizar un quite por verónicas de buen nivel, dejando ya patente la calidad de su concepto. Con la muleta, Castella trató de aprovechar las posibilidades del animal, pero la falta de emoción en sus embestidas impidió que la faena terminara de tomar vuelo.

El francés dejó algunos naturales de buen trazo y rubricó su actuación con una estocada al primer intento. Fue obligado a saludar una ovación.

El segundo correspondió a Daniel Luque, que protagonizó un buen saludo capotero, rematado con un lance a una mano sobre la izquierda. David de Miranda hizo acto de presencia con un quite por saltilleras, al que Luque respondió por gaoneras.

El toro, de buenas hechuras, resultó más brusco y tuvo menos emoción que el primero. Luque comenzó sin exigir demasiado y lo llevó en línea recta, demostrando una vez más su capacidad técnica.

Poco a poco fue pulsando las embestidas y sometiendo al animal, destacando especialmente sobre la mano derecha. Cuando el toro comenzó a venirse abajo, el sevillano acortó las distancias y se metió entre los pitones, protagonizando momentos de mucha exposición.

Las manoletinas finales elevaron todavía más la temperatura de los tendidos, pero la espada volvió a jugar en su contra. Tras un aviso y varios intentos con el acero, tuvo que utilizar el descabello. Silencio tras aviso.

El tercero fue para David de Miranda, que tuvo que emplearse a fondo ante un ejemplar que mostró desde los primeros tercios una marcada querencia hacia chiqueros.

El toro de Juan Pedro Domecq acusó falta de clase y raza, llegando incluso a soltar gañafones en la muleta. El onubense tuvo que recurrir a toda su técnica para tapar los defectos de su oponente, llevándolo muy tapado y tratando de corregir sus dificultades.

Fue una faena de mucho mérito por la complejidad del animal, aunque con pocas posibilidades de lucimiento. De Miranda consiguió meter la mano con habilidad y, pese a existir una petición minoritaria de oreja, terminó escuchando una ovación.

La tarde comenzó a cambiar en el cuarto. Sebastián Castella encontró un toro de mejores condiciones, con fijeza y buen son en la muleta.

El francés inició la faena con unos emocionantes estatuarios y pases cambiados por la espalda que pusieron a los tendidos en alerta. A partir de ahí, Castella fue construyendo una labor de menos a más, aprovechando especialmente las buenas condiciones del toro por el pitón derecho.

Hubo muletazos de gran suavidad y profundidad, en una actuación en la que el torero de Béziers volvió a demostrar su capacidad para interpretar el toreo con elegancia y personalidad.

Una buena estocada al segundo intento puso el broche a la faena. La petición de oreja fue atendida por la presidencia y Castella cortó una oreja.

El quinto fue para Daniel Luque, que volvió a encontrarse con un toro falto de raza durante los primeros tercios. El sevillano se lució en un quite por chicuelinas y, posteriormente, construyó una faena basada en la inteligencia, la técnica y la capacidad para administrar las condiciones del animal.

Sin exigir demasiado al principio, Luque fue encontrando el camino y consiguió buenos pasajes sobre ambas manos. La actuación tuvo especial eco en los tendidos durante el tramo final, cuando el torero de Gerena toreó sobre la diestra sin ayuda, demostrando una notable capacidad de exposición.

La espada, nuevamente, fue su gran enemiga. Necesitó varios intentos para dejar la estocada definitiva y escuchó un aviso, antes de ser obligado a saludar una ovación.

Y llegó el sexto. El toro que cambió la tarde.

David de Miranda lo recibió con unas verónicas que hicieron sonar los primeros grandes olés en La Malagueta. El público sabía que estaba ante un toro distinto y el onubense no quiso dejar pasar la oportunidad.

El inicio de faena fue espectacular. De rodillas en el tercio, David ejecutó varios pases por alto a dos manos que pusieron a la plaza en pie. A partir de ahí, con la planta firme y sin apenas moverse, comenzó a pulsear las embestidas del extraordinario toro de Juan Pedro.

De Miranda consiguió ligar tandas por ambos pitones con temple, valor y profundidad, llevando al animal con una enorme naturalidad. La faena no dejó de crecer y el torero de Trigueros se entregó por completo, consiguiendo que los tendidos de La Malagueta se convirtieran en una auténtica fiesta.

El público se entregó definitivamente durante el tramo final, cuando David de Miranda se metió en los terrenos de cercanías y cerró su obra con unas manoletinas muy ajustadas.

La estocada fue rotunda y puso el broche a una faena de gran dimensión. La plaza pidió con fuerza los trofeos y el presidente concedió las dos orejas.

La salida a hombros de David de Miranda fue el colofón a una tarde en la que el torero onubense volvió a escribir un nuevo capítulo de su particular idilio con La Malagueta.

La corrida dejó además una lectura clara: la terna estuvo por encima del conjunto ganadero, pero el sexto de Juan Pedro Domecq permitió que la tarde alcanzara cotas extraordinarias. David de Miranda supo aprovecharlo y convirtió su actuación en una de las grandes faenas de la feria.

Más noticias de Crónicas