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Cella seda sus arenas para un carrusel de gloria: sesenta años de luces de Curro Vázquez y el examen de una juventud indómita

La joya turolense presenta una deslumbrante feria agosteña que entrelaza la solera del maestro de Linares con el torrente fresco de los nuevos prodigios del escalafón de plata.

Manolo Herrera

Manolo Herrera

Redactor

27 de Junio de 2026
Cella seda sus arenas para un carrusel de gloria: sesenta años de luces de Curro Vázquez y el examen de una juventud indómita
En el corazón recóndito de Teruel, allí donde la piedra evoca siglos de templanza, la villa de Cella ha vuelto a bordar con hilos de oro y seda un cartel que es pura poesía para el aficionado. La temporada de 2026 no será una más en este bendito reducto del toro; será la del reencuentro con el mito, la de la gratitud eterna a una forma de entender la vida y el arte. Cella se engalana para rendir pleitesía al maestro de maestros, Curro Vázquez, al cumplirse sesenta años de aquella tarde lejana en la que vistió su primer traje de luces sobre este mismo ruedo, encendiendo una llama de torería y duende que aún hoy ilumina los altares de la tauromaquia más excelsa.

El ciclo, orquestado con el mimo artesanal de Tauro Management y Toro Gestión 360, junto al consistorio local, arranca bajo el signo de la emoción pura el viernes 21 de agosto. Será la tarde de los cuerpos quebrados y el valor esculpido en el aire con el tradicional Concurso de Recortadores. Los imponentes astados de Francisco Murillo Conde, procedentes de las duras y nobles tierras de Tauste, desafiarán las leyes de la gravedad bajo los vuelos y quiebros de los mejores especialistas de la piel patria.

El sábado 22 de agosto llegará el aroma del encaste murubeño y la finura ecuestre en una novillada mixta con picadores de auténtico lujo. Dos ejemplares de Hermanos Serrano aguardan el galope templado y señorial del rejoneador luso Duarte Fernandes, arropado por el rito atávico y heroico de los Forçados do Ramo Grande. A pie, la plaza crujirá con el misticismo santacolomeño de Los Maños —ganadería triunfadora absoluta del pasado curso en esta plaza—, ante los cuales el novillero de Chiva, Simón Andreu, buscará la gloria con ese toreo de hiel y miel que brota de la cuenca valenciana.

Y como broche de oro a la feria, el domingo 23 de agosto, el albero cellano se convertirá en un sagrado anfiteatro bajo el legendario lema «Cella, examen hacia el triunfo». Una cita cumbre de altísima expectación donde se lidiará un encierro de primorosa nota con reses de Santiago Domecq y La Lucica. Frente a ellos, dos destinos cruzados con vocación de figuras: la sensación mexicana Emiliano Osornio, poseedor de un concepto de seda y un pundonor transatlántico que encandila a la afición, y Álvaro Serrano, el joven héroe que este mismo San Isidro de 2026 abrió de par en par la Puerta Grande de Las Ventas de Madrid. Un duelo definitivo al sol de agosto donde la juventud entregará el alma por un billete hacia la eternidad.

Como es hermoso precepto en esta tierra hospitalaria, cada tarde cerrará su función con la tradicional suelta de reses, un abrevadero de pasión destinado a sembrar la semilla del toreo en las nuevas generaciones. Cella ya sueña con su agosto; el clarín de la historia vuelve a llamar a sus puertas.
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